Solo se conoce realmente a una persona cuándo peleas con ella [reflexión].


En la semana me propuse a ver, por segunda vez y luego de muchos años, la trilogía completa de The Matrix (1999 - 2003) y aunque en lo general cuándo se habla de “la filosofía” detrás de esta saga se mencionan los temas de lo real y la libertad (que luego abordaré, con calma, aprovechando que está fresco en mi memoria) hubo algunas frases que llamaron particularmente mi atención y que poco o mucho tienen que ver con los temas típicamente tratados como la esencia filosófica de los filmes (más adelante citaré otros diálogos).

Una de las célebres peleas de la segunda película (Matrix Revolutions) es cuando el personaje de Seraph (interpretado por Collin Chou) se enfrenta a Neo (Keanu Charles Reeves), el protagonista, para descubrir si realmente es quién se supone que es en el filme




Cuando Keanu lo confronta, al finalizar la confrontación marcial, sobre la necesidad de la pelea, Seraph le responde con la frase que da título a esta reflexión (aludiendo que solo Neo puede pelear de la manera que él lo ha hecho): Solo se conoce realmente a una persona cuándo peleas con ella

Y es verdad, en todos los aspectos de la vida. 

Muchas veces pensamos conocer a una persona, y ésta puede decirnos que nos aprecia y que somos muy importante para ella pero cuando surge una diferencia o una discusión (o pelea) y nos enemistamos es realmente conoceremos realmente sí esa persona (y nosotros mismos) sentimos lo que realmente decíamos decir. 

Porque una cosa es estar disgustado con alguien o incluso resentido, pero si queremos a la persona, por más dolor o rencor que en ese momentos experimentamos, no buscaremos hacerle daño, no pretenderemos humillarlo públicamente o no intentaremos lastimarle de forma irremediable. 

Todos, en algunos momentos de la vida, tenemos problemas y discusiones pero nuestro “verdadero yo” (como en el caso de Neo) se ve, auténticamente, cuando estamos enojados, cuando peleamos, cuando nos situamos en situaciones no cómodas en dónde muchas veces el “feeling” superará la razón...

Y es ahí, de verdad, el momento en el que podremos conocer si de verdad sentimos lo que decimos sentir hacia esa persona. 



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