About Me

test

Duis autem vel eum iriure dolor in hendrerit in vulputate velit esse molestie consequat, vel illum dolore eu feugiat nulla

¿Quién fue Martín Lutero?

El 31 de octubre de 1517 la humanidad experimentó el inicio de un giro radical de su forma de entender y aceptar la autoridad. Un humilde monje alemán se atrevió a cuestionar la infalibilidad del Papa en turno (León X), que por ese entonces era considerado -y aceptado- como la voz de Dios mismo

A 500 años del inicio de la Reforma Protestante, y por tanto del comienzo de la “pérdida” del poder, al menos terrenal, del Vicario de Cristo, en el bLog de miguE nos adentramos a descubrir quién fue Martín Lutero

Martin Luder, quién posteriormente cambia su apellido por Luther, nació en Eisleben (a unos dos cientos kilómetros al suroeste del actual Berlín) aunque creció en Mansfeld ya que su padre trabajaba en las minas locales de cobre. 

Hans Luder, su padre, lo envió a la escuela de latín y, a los dieciocho años ingresó, respetando la voluntad de su padre, a la Universidad de Erfurt para estudiar leyes. En dicha Universidad obtuvo su título y maestría en tiempo récord; le llamaban “el filósofo” por su soltura en los debates públicos. 

Pero en 1505 su vida dio un giro radical. A sus 21 años tuvo la idea de cabalgar en medio de una intensa tormenta en su camino a Erfurt... un rayo cayó muy cerca de él. 

El joven Lutero tuvo tanto miedo que, según la leyenda, gritó: 

“¡Ayúdame, santa Ana! ¡Seré monje!”

Fiel a su promesa tras salir vivo de la tormenta, Martín entregó todas sus posesiones e ingresó a la vida monástica agustina

Siguiendo fiel a su férrea disciplina, también destacó dentro del convento. Se sumió en una vida intensa de oración, ayuno y prácticas ascéticas (se quedaba sin dormir, soportaba fríos escalofriantes sin cubrirse, se flagelaba). Tan severa fue su reclusión monástica que entre sus palabras se recoge el testimonio: 

“Si alguien podría haber ganado el cielo por la vida de monje, ése era yo”

Pero pese a su entrega física, no encontraba plenamente un vínculo con lo divino. Una cita bíblica le capturó por completo, Romanos 1, 17, la cuál, con los años, se transformó en el texto de la Reforma: “Porque en el Evangelio la justicia de Dios se revela por la fe y para fe; cómo está escrito: más el justo por la fe vivirá”. 

Con relación a dicha cita, Lutero comentó: “odiaba la palabra justicia de Dios ya que se me había enseñado, según la costumbre, que Dios es justo y castiga al pecador injusto”.  

Se le ordenó tomar un doctorado en Biblia y convertirse en profesor en la Universidad de Wittenberg. Durante sus charlas sobre los Salmos y del texto de Romanos (entre 1513 y 1514), se encontró en medio de un dilema. 

“Al fin, meditando día y noche, por misericordia de Dios, comencé a entender que la justicia de Dios es aquella por la cual los justos viven por un don de Dios, es decir, por la fe... [...] Me sentí como si las puertas del paraíso hubiesen sido abiertas”. 

Con el tiempo Lutero fue comprendiendo otras cosas: la Iglesia no era (no debería de ser) ya una institución definida por la sucesión apostólica sino, en cambio, una comunidad de aquellos a los que se les había dado la fe

La salvación, por tanto, para Martín Lutero, no era obtenida mediante los sacramentos sino por la fe. La “idea” de que los hombres tuviesen una chispa de bondad, y por ende buscaban a Dios, no le era suficiente. La humildad, por tanto, no tendría que ser una virtud que mereciera la “gracia” sino una respuesta indispensable al don mismo de la gracia. 

La fe, por tanto, no consistirá para Lutero, en aceptar las enseñanzas de la Iglesia [Católica Romana] sino, por su parte, el confiar en las promesas de Dios y en los méritos de Cristo. 

En la víspera de la celebración de Todos los Santos, en 1517, el prominente profesor de teología decidió oponerse públicamente a la manera en el que la Iglesia de Roma estaba buscando obtener fondos para la construcción de la Basílica de san Pedro: vendiendo indulgencias. 

Las indulgencias eran, en resumen, un documento que expedía por ese entonces la Iglesia -y compradas por los fieles- a nombre de ellos o de algún difundo con en el que se “garantizaba” que el finado entraría al Paraíso porque con el documento obtenía el perdón de ipso facto de todos sus pecados

Martín cuestionó fuertemente dicho tráfico de indulgencias pidiendo un debate publico a las 95 Tesis que había publicado el 31 de octubre de 1517, pero la Iglesia hizo oído sordo. La leyenda dice que clavó sus Tesis en las puertas del Palacio de Wittenberg pero es más probable que simplemente haya hecho llegar el escrito a su obispo y demás purpurados allegados. 

Al no llevarse a cabo el debate, las Tesis se extendieron públicamente por Alemania en una especie de “llamado” de Reforma de la Iglesia. El tema, por tanto, cambió radicalmente: de las indulgencias -el debate por ellas- se comenzó a cuestionar la autoridad de la Iglesia

¿El Papa tenía el derecho de emitirlas?

Todo se aceleró de formas imprevisibles para el otrora protestante. Hubo un debate público en 1519, y en el Lutero sentenció: “un simple laico armado [solo] con las Escrituras es superior [en autoridad] tanto al Papa como a los Concilios, o sin ellos”. Con tal declaración obtuvo una amenaza de excomunión. 

Ante la sentencia de expulsión, Lutero respondió publicando tres tratados (además, claro, de la clásica escena de la quema de la Bula Papal), los cuáles se consideran como sus trabajos más importantes: El discurso de la nobleza cristiana, El cautiverio Babilónico y La libertad de un cristiano

En el primero de sus textos argumentó que todos los cristianos eran sacerdotes, e insistió a los gobernantes a tomar la causa de la “reforma” de la Iglesia. En el cautiverio Babilónico, por su parte, redujo de siete a dos los sacramentos (el bautismo y la Cena del Señor). En su tercer escrito, sostenía que los cristianos estaban libres de la ley [de la Iglesia], pero que, sin en cambio, estaban atados” en amor por sus vecinos

En 1521, tras un juicio público encabezado por Carlos V, se le condenó como “hereje condenado” en un edicto imperial... aunque pudo escapar al castillo de Wartburg, dónde se ocultó diez meses. 

Un año más tarde, en 1522, retornó a Wittenberg para continuar dirigiendo el incipiente movimiento reformista. Le siguieron años de disputa y debates, en dónde ganó allegados y perdió aliados. 

Entre su legado se rescata, además de las 95 Tesis y los tres tratados antes citados, otros trece más, la traducción de la Biblia al alemán (primera traducción del texto sagrado en lengua "común"), 180 sermones, comentarios al Nuevo Testamento (en ocho tomos) y un enorme Catecismo que, con los años, sirvió de guía a los recién iniciados.  



Traducción propia del original en Christianity Today




Imagen | Christianity Today

0 comentarios:

Publicar un comentario

¡Gracias por comentar!