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Turistas de segunda clase (crítica).


Estos últimos días México por medio de la Secretaría de Turismo a gritado a los cuatro vientos que el país se convirtió, según la Organización Mundial de Turismo, en el octavo país más visitado del mundo al haber recibido a treinta y cinco millones de visitantes durante dos mil dieciséis.

La UNWTO, por sus siglas en inglés, recalca el hecho de que México escaló, en un año, una posición, colocándose a su vez en la segunda opción turística del continente americano solo detrás de los Estados Unidos.

Eso es bueno. Claro. El país tiene una inyección de dinero importante y, además, -léase con un poco de vanidad-, se siente bien que tu país sea elegido sobre opciones como Grecia (14)  o Tailandia (9). Claro está que la Sectur -Secretaría de Turismo, en México- no dice toda la verdad: aunque Japón, por ejemplo, no encabeza el top ten de países más visitados, sí lo está en ingresos por turismo… mientras México ocupa la no tan decorosa catorceava posición.

Y esto ¿qué puede generar de reflexión?

Que aunque se cacarea que México es el octavo país más visitado cuando uno, como local, visita alguno de los destinos turísticos más destacados del país el mexicano, como tal, es visto como un turista de segunda clase versus el extranjero y más si se trata de un norteamericano con dólares.

Es feo decirlo y reconocerlo, pero terriblemente es la verdad. 

Estás hospedado en un hotel cinco estrellas, por ejemplo, y tienes tu pulsera de color chillón que te identifica como a la mayoría de los huéspedes de que pagaste un paquete todo incluido, llegas a la barra y esperas ser atendido… cinco minutos después, sin que todavía te hayan atendido, llega a tu lado un güerito que habla inglés, y como acto reflejo, el barman corre a atenderlo dejándote a ti esperando… ¿porque tus pesos valen menos?

Si el mismo individuo suelta un chiste bobo o le da por hacerse el simpático, el trabajador mexicano se ve forzado ¿? a seguirle el juego y a reírse… se presta a lo que el turista extranjero diga y mande. Pero con un connacional la cosa es totalmente diferente.

Las playas, los hoteles, las ciudades están planeadas para que las disfrute el extranjero… y no, no quiero sonar nacionalista extremo pero ¿en dónde queda el ciudadano que, en teoría, es “dueño” de su país y tiene el derecho de gozarlo a sus anchas?

Uno, como mexicano, tiene que adaptarse a lo que las diversas secretarías y organizaciones de turismo proyectan para el turista extranjero. Y, sin seguir intentar sonando ácido o políticamente incorrecto, hay un dicho que reza así:

“A tierra que fueres, haz lo que vieres” ¿Qué quiere decir?

Que el visitante, incluso un ciudadano de a pie que visita otro estado (comunidad, ciudad) diferente al suyo, debe de adaptarse a la cultura, normas y usos y costumbres del lugar… no vas a imponer, sino, a disfrutar lo que otros por “origen” y derecho tienen y te comparten.

Sí, está bien celebrar que en el extranjero reconocen -y por ende visitan- lo hermoso que es México y todo su patrimonio natural y cultural pero creo que este octavo lugar mundial debe de servir, al mismo tiempo, para hacernos reflexionar sobre cómo nos tratamos entre nosotros mismos cuando alguien visita tu comunidad, cuando le toca a tu ciudad alojar a un visitante.

¿Todo turista es para ti igual o vale más dependiendo del lugar de dónde viene?

 



Imágenes | Pixabay




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