México: tu único problema es el fútbol (crítica).


No se me da la política, y menos me gusta hablar de ella, pero en el mundo que vivimos de una u otra forma estamos inmersos en ella; ya lo decía Aristóteles: “somos seres políticos por naturaleza”; entendiéndolo en el sentido de que el hombre necesita asociarse para sobrevivir.

México, mi país, es un ente algo complicado; quizá otras naciones también tengan matices caleidoscópicos igual de diversos pero como ciudadano mexicano puedo -y debo- de hablar primero de lo que tengo la oportunidad de palpar antes de cuestionar e indagar sobre el mundo y sus “locas decisiones”.

El Gobierno Federal encabezado por Enrique Peña Nieto pese a estar casi en su ocaso (el siguiente año termina su mandato, sin oportunidad constitucional de reelección) ha sido más oscuro que claro, y dos mil diecisiete, cómo sus previos cuatro años, no ha sido un “buen año”.

La sociedad vive en medio de crisis, como la del ex gobernador Javier Duarte, durante meses prófugo, con tres órdenes de aprensión a su espalda por: delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita; abuso de autoridad, incumplimiento del deber legal, peculado, tráfico de influencias y coalición... una fichita, sin duda, del que apenas empezó su largo proceso judicial.

Por otra parte hace tan solo unas semanas, a inicios de julio (el doce, para ser exactos) del 2017, dos personas murieron asfixiadas tras caer a un socavón que se abrió en la autopista “Paso Exprés de Cuernavaca”, en el estado de Morelos, recién inaugurado el cinco de abril (del presente) por el presidente Peña Nieto, es decir, hace tres meses. 

Sumado a lo anterior, según La Encuesta Nacional de Seguridad Pública trimestral, el 74.2 % de los mexicanos considera que vivir en la ciudad es inseguro.

Como si eso no fuera suficiente, en junio, el diecinueve, el New York Timesdenunció que el Gobierno mexicano espía, con dinero del erario público, a sus ciudadanos: activistas, defensores de Derechos Humanos y a periodistas, mediante el uso de un malware para dispositivos móviles adquirido a NSO Group, compañía que vende Pegasus (el software) exclusivamente a gobiernos bajo la consigna de que este sea usado para combatir a terroristas o grupos criminales y carteles de drogas... cosa que no sucedió.

Usted dirá, amable lector, que con tantas cosas desagradables para la población mexicana, los ciudadanos se la viven cuestionando fuertemente a su Gobierno, que la tinta en los diarios corre para criticar la forma en que el Ejecutivo ha llevado a cabo sus funciones, que la televisión mexicana polemiza para buscar una solución a los múltiples problemas de la nación. 

Pero no.

Lo que enoja y molesta a los mexicanos es la forma en cómo la Selección Mexicana de Fútbol fue eliminada de la Copa Confederaciones y de la Copa de Oro. En que el entrenador, Juan Carlos Osorio, parece no definir una alineación definitiva, que rota mucho la plantilla y que la mejor generación de futbolistas mexicanos de la historia está siendo desaprovechada por el técnico. 

Irónico, ¿no?

La prioridad mental en la agenda del mexicano deberían de ser los sucesos de su país, pero aquellos en los que su seguridad y estabilidad económico-social están involucrados. Contrario a ello, de lo que se habla es de lo bien -o mal, en este caso- que se desempeña un conjunto deportivo.

Una vez lo comenté en mi blog, en el mundial de Brasil 2014, sobre cómo la sociedad puede ser víctima de aquél circo iniciado por los romanos: darle diversión o sufrimiento deportivo al pueblo para que no piense en los problemas reales

¿Por qué? 

Nos podemos poner muy metodológicos o tratar de indagar sociológicamente pero la respuesta es más sencilla de lo que parece.

Lo inmediato, sumado a esa sensación de que un conjunto de personas representan a toda una nación, crea una ilusión de unidad asincrónica que logra, mediante dicho sentimiento en común, olvidar problemas concretos para concentrarse en anhelar un triunfo tontamente sentido como propio (de la nación). 

Unidos somos más fuertes suele ser una frase muy común cuando queremos trabajar en equipo en pro de un bien mayor. Desafortunadamente con el fútbol, cuando juega la Selección, esa unidad hace que la mayoría olvide lo que realmente importa por esperar a que lleguen unos segundos en los que un país anhela gritar, al unisón, gol

 


Imagen | Sopitas

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