1 de mayo de 2017



Thirtheen reasons why. Sí, de nuevo volveré a hablar sobre un capítulo de la sonada serie de Netflix. No es que siga siempre la moda pero la novela hecha serie tiene, entre sus capítulos, cosas interesantes que pueden ayudarnos a ver la vida desde ópticas interesantes.

La muerte es ese algo incómodo que no todos quieren o están dispuestos a hablar; mucho menos a enfrentar. Siempre damos por sentado que es algo que existe (no lo podemos negar, la evidencia es abrumadora) pero nos aferramos a querer creer que es algo que sucederá en un futuro muy lejano (más si somos jóvenes) o que es algo que pasa pero siempre es mejor intentar asumirlo cuando "toca"; preferentemente en muchos años.... o al menos esos son nuestros planes.

Pero la vida (ó el destino, ó el dios en el que cada quién crea) se encarga día con día en demostrar que eso, como otras muchas cosas, son cosas que no podemos controlar. Simplemente pasa, algunas veces sin avisar, y cuándo sucede no hay vuelta atrás. 

Regularmente se dice que los que lloran "como magdalenas" -a chorro- en un funeral es ó 1) tiene alguna culpa ó 2) porque dejaron  muchas cosas guardadas que no se pudo ni quiso decir. 

De aquí tomo la frase que da título al post. Frase que la protagonista Hannah Baker le dice al otro protagonista Clay Jensen, en el capítulo once de la serie de Netflix de Thirtheen reasons why (Por trece razones).

Un resumen rápido, sin muchos spoileres: Hannah se suicida (así inicia la serie, con el "final") y deja como nota suicida una serie de siete cintas de cassettes en dónde explica su verdad del por qué decidió quitarse la vida. 

Lo interesante de la pregunta del título es que no la dice Hannah, al menos no la de las cintas. Es una "reconstrucción" que hace Clay al sentirse culpable. Una respuesta de ella ante una hipotética declaración de él. Es decir, todo se envuelve en la nube del "famoso" si hubiera hecho/dicho esto o aquello.

La mayoría suele hace planes a futuro, o posponer cosas para mañana o pasado dando por hecho -he aquí lo importante- que al día siguiente despertaremos, o que regresaremos a casa tras ir a la escuela o al trabajo... nos creemos dueños de nuestra vida, que está en nuestras manos saber cuándo se acabará y, al ser los finales algo que a los humanos no nos agradan, pensamos (eso nos decimos) que viviremos para siempre. 

Pero, obviamente, eso no es verdad. Al menos no en dos mil diecisiete. 

Lo que podemos rescatar del sentimiento de culpa de Clay Jensen es el decir lo que sentimos, lo que queremos o a quién queremos en el momento en que lo experimentamos. Es decir, no guardarnos nunca nada para otro día, experimentar o disfrutar lo que se te antoje en dicho momento, no quedarnos con ganas de nada... es decir, vivir día con día como si ése día fuera el último.

Si lo hacemos, te aseguro, la vida se torna de un color más que espectacular 🙂.


"La vida es impredecible, y controlarla es solo una ilusión".  
[Hannah Baker, Thirtheen reasons why, capítulo 12].

Imagen | Neil Moraliee



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