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No muere quién se va, muere quién se olvida (reflexión).


Todos morimos, eso es sin duda una verdad incuestionable pero no todos mueren de la misma forma y existe quiénes, pese a haber pasado años de su muerte, siguen vivos.

Y no, no me refiero ni a las maneras literales de fallecer ni mucho menos toco temas con tintes fantasmagóricos sino al cómo nosotros, los aún vivos, mantenemos o no a las personas de alguna forma vigentes aunque las lápidas de los cementerios no dejen de recordarnos que dicho ser humano falleció hace cierto tiempo

Sí. El punto de hoy es el recuerdo o aún más que eso, el cómo el recordar a nuestros seres queridos, ó a las figuras célebres de la humanidad, hace que dicha persona pareciera que no se ha ido. 

Hoy tuve una experiencia singular.

Visité un punto al que hacía años que no frecuentaba, fue algo de paso pero el haber pisado ése suelo cimbró profundamente mi ser. Hace muchos años era un sitio forzoso -por un decir- de encuentro para llegar con una persona muy amada, más que amada, respetada y admirada. Él tiene poco más de veinte años que falleció pero estar hoy, ahí, en un sitio tan familiar y simbólico, fue especial.

Sin creer en experiencias metafísicas extraordinarias fue como si él, por unos momentosme tomara de la mano, como siempre lo hacía, para conducirme bajo su resguardo, a mi destino.

La muerte es algo que no queremos aceptar. Es un tema incluso tabú para muchos y aunque sabemos que existe, no podemos negarlo por más que queramos, es un algo que está reservado para situaciones incómodas o, incluso, para ser tocado solamente cuando la tenemos que enfrentar ya sea personalmente o porque alguien cercano colgó los tenis

Pero quizá si cambiáramos de óptica podríamos comprender o asimilar de mejor forma dicha situación. Independientemente de las creencias religiosas de cada quién, ya sea que refugies tu duelo en la confianza de que él o ella está en el cielo, o si crees que tras morir la vida literalmente acaba, debe de haber otras cosas, laicas, que nos consuelen y, sobretodo, que hagan que vivir, haber vivido, valga la pena

Y es que sin duda éso es, al final de cuentas, lo que importa de nuestro efímero paso por la Tierra. El cómo vivimos, el qué dejamos tras partir (no materialmente hablando, aclaro, sino aspectos trascendentales) y, desde luego, quiénes y cómo nos recuerdan.

No me centro en que si fuimos buenos o malos ya que eso es muy subjetivo sino más bien si hicimos algo que impactó o dejó una huella en el planeta: ¿un árbol, un libro, un hijo... marcamos positivamente alguna vida?

Dicen que recordar es volver a vivir. Recordar a alguien, sin lugar a duda, es revivirlo... al menos por esos pocos segundos. 

A la memoria de E.C.M.





Imagen | Pixabay

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