8 de marzo de 2017



A principios de febrero [de dos mil diecisiete] en HipertextualJavier Lacort hablaba sobre la necesitad de otro tipo de porno, de un contenido sexual más diversificado, menos machista y más igualitario.

El autor en mención reflexionaba sobre la necesidad de pasar de un porno en donde la mujer es objeto a uno donde es sujeto ya que la estructura actual del contenido multimedia sexual sigue una jerarquía machista: felación [estimulación oral del pene], penetración y eyaculación. 

Las grabaciones, comenta, siempre finalizan segundos después de la eyaculación y todo siempre es conducido y regido bajo los tiempos del hombre; él es el único que importa, y el que la mujer disfrute el acto sexual ocupa, si es que ocupa, un segundo plano: lo que vende es la estimulación hacia el hombre, con mujeres sumisas y dispuestas a dar y generar placer. 

Además, Javier menciona las paupérrimas condiciones laborales que goza la actriz sexual, siendo víctima fácil de tortura, maltrato y salarios bajos. Hay un interesante documental by Netflix, Hot Girls Wanted, que indaga en el porno amateur y el cómo se explota a las mujeres.  


Siguiendo con el tema del porno, una cifra reveladora es que por cada tres hombres que ven pornografía en Internet hay una mujer, es decir un aplastante 74% de consumidores son varones y un 24% mujeres. 

Y no es que ellas no quieran ver porno, es que no hay contenido hecho y pensado para ellas.

¿Y a qué viene todo esto?


El otro día, durante una película, apareció una escena en topples de una de las protagonista. Nada fuera de lo común, dirán, pero coincidió que estaba viendo el filme con una amiga. Y se vino una interesante reflexión.

Tras la escena, y a modo de réplica, cuestionó el por qué a los actores varones nunca se les ve más allá que el trasero [y eso últimamente], nunca el pene [solo con las contadas excepciones en Game of Thrones, por ejemplo] o participando en algún tipo de escenas explícitas y sin pudor de tinte sexual, como las mujeres. Y es que, nos guste o no admitirlo, siempre las mujeres en el cine o en la TV enseñan más que los hombres. 

La industria del entretenimiento no es pareja. 

Si bien en dos mil diecisiete podemos ver series de tv con sexo gay las escenas son siempre cuidadas cuando hay hombres: se besan apasionadamente, se acarician, se ve la entrepierna, se juega con la cámara ... pero nunca -casi nunca- se ve el miembro, cosa que, regresando a la serie estrella de HBO, sí vemos y disfrutamos con las mujeres: desde senos hasta vaginas.

¿La mujer no debe de ver o no quiere ver hombres desnudos? 

La pregunta no es retórica, desde luego. 

Se habla mucho de igualdad de género, sobretodo en el día internacional de la mujer, pero es algo que desgraciadamente no existe del todo, y aunque se dice que la mujer tiene derechos y las mismas oportunidades que los hombres no es así. El currículum de un hombre vale más que el de una mujer, en pleno siglo veintiuno. Lamentable.

Es increíble cómo la TV, o el contenido multimedia, sigue siendo un fiel reflejo de la sociedad en dónde ser mujer y tener la oportunidad de un entretenimiento equitativo, como el masculino, entra en el mismo costal del machismo disfrazado de igualdad occidental, es decir, en donde se sigue teniendo a la mujer como un objeto aún en producciones multimillonarias en dónde hay personajes femeninos poderosos [regresamos a Game of Thrones, con su poderosa Daenerys Targaryen]. 

Luchemos en contra de la desigualdad. Y valoremos a la mujer, no por el hecho de serlo, sino porque es una igual a todos los seres humanos. Todos debemos de tener las mismas oportunidades y alternativas. Tanto si hablamos de derechos, como de libertad, de educación, de trabajo, de sueldo e incluso de entretenimiento. 





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