No hay mejor lección que el error irreparable (#Reflexión).


Hace no mucho cometí un error que me marcó. No es que nunca comenta ninguno [al contrario, abuso de ellos] pero no tengo la fortuna de poder recordarlos todos aunque en ocasiones, los más significativos, los que te dejan una huella [porque tuvieron un costo/consecuencia alto] pueden ayudarte a reflexionar y, si sabes aprovecharlos, a aprender de ellos. 

Siempre debemos tomar lo mejor de las cosas, por muy malas que sean, y potencializarlas hacia algo mejor aunque si "eso" que causó tu aparente aprendizaje no se puede enmendar es, sin duda, cuando aunque dolorosa y cruel, dicha experiencia puede convertirse en tu mejor lección. En aquél mantra que puede y debe cambiar tu vida para siempre. 

Y lo es porque vas a tener que aprender a vivir con esa marca y saber/poder perdonarte; eso siempre es lo más difícil de la ecuación. Decimos que perdonamos a los otros -aunque no siempre olvidamos- pero, incluso pese y aparte de eso, poder y saber perdonarnos no siempre es algo fácil, casi nunca se consigue. 

Fallar es de humanos, está en nuestra naturaleza; por eso desde tiempos inenarrables hemos tenido la filiación de mirar hacia arriba buscando seres perfectos, sin errores, que nos inspiren y sirvan de modelo para el día a día. 

Primero fue con mitos y epopeyas, luego con textos que se convirtieron en sagrados, posteriormente con teologías elaboradas con un lenguaje "académico"... pero todos con un punto en común: que al final de nuestra existencia haber sido igual, o al menos haberlo intentado, como la deidad o héroe en cuestión. 

Cuando uno puede no enmendar el error, retomando, nos encontramos ante una disyuntiva interesante. Por un lado te sabes dolido porque fuiste tú el causante de ello, y por otra parte, la impotencia te domina ya que sabes que por más que hagas no podrás hacer nada para remediarlo, es totalmente un ita causa [caso cerrado, en latín]. 

¿Y qué puedes hacer?

Hay, como decimos en México coloquialmente, de dos sopas: o aprendes de ello o te quedas llorando

La primera opción es lo mejor. 

Y aplica más, toma total relevancia, al ser el motivo de querer aprender el dolor de lo perdido... uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, dicen, y perder algo por causa tuya es la mejor forma, aunque no la más idónea, de tomar impulso para evitar equivocarte de nuevo. 

Es normal que nos equivoquemos. No seríamos humanos sino lo hiciéramos y es perfectamente plausible que uno: podamos corregir nuestras fallas o, dos: no tenga vuelta atrás. 

Decía Newton que a toda acción -o inacción, anexándole un halo filosófico- corresponde una reacción.  

Es inevitable, la gravedad no solo tiene un peso en las masas. Debemos aprender que nuestros actos, buenos, malos, éticos, correctos, malintencionados... todos y cada uno de ellos tienen y van a tener consecuencia, en el contexto actual en el que te desenvuelves, bajo la jurisprudencia del mundo real.  

Tarde o temprano nuestro pasado y accionar nos alcanza. Lo importante es no quedarnos en el vago recuerdo o en el pude haber hecho sino que, sino puedes remediar tu error, aprender de el, levantar la frente ante la vergüenza y saber caminar con esa marca mentalizándote a no volver a errar, a aprender de tu falla y trabajar, día con día, en el o los vicios que te llevaron a ella. 



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