13 de febrero de 2017


Estoy jugando en una línea muy delgada, lo sé, y no quiero que se me mal interprete pero el tema da para mucho y es importante usar un crisol para ver la situación desde diferentes perspectivas que a la larga realmente generen algo en la sociedad.   

Muchos, sino es que la mayoría, estamos inconformes con Donald Trump. Es un tipo misógino, xenofóbico y con un ego e individualismo enorme.  Digo muchos porque sin lugar a dudas hay gente que le cree, que lo admira y que apoya sus medidas; para muestra: votaron por él.  

Desde que se supo que ganó las elecciones en dos mil dieciséis el mundo comenzó a vivir en una especie de expectativa nada agradable. El tiempo pasó y de ser el presidente electo quedó, en enero, despojado del adjetivo para convertirse, ahora sí, en el "líder del mundo libre" ¿?. 

Y vinieron las marchas... en EU, en el mundo: contra él, contra su administración, contra las órdenes ejecutivas, contra su islamnofobia, contra su muro, contra todo lo que tenga que ver con el magnate de los negocios pero, y aquí viene lo escabroso, ¿sirve realmente?
 
No estoy en contra del derecho a manifestarnos ni abogo porque éste deje de existir, al contrario. Mi blog, de opiniones al fin y al cabo, es una forma de expresión pero, quitando a quienes son afectados en primer grado por el señor Presidente norteamericano, es decir, los ciudadanos estadounidenses, ¿qué se gana con mentarle la madre, en español y desde México (o en otro país)? 

Piénselo, amable lector, fríamente. 

En teoría, las manifestación de los mexicanos contra nuestro el gobierno, las Reformas que éste promulgó o contra el gasolinazo del dos mil diecisiete tiene cierta "lógica" (de nuevo, estoy en un tema controvertido, contextualize mi discurso) ya que es algo que nos afecta: a nuestra manera de vivir, a nuestras leyes, a nuestro bolsillo. 

Pero, y aunque nos pega económicamente -sobretodo- lo que suceda en los Estados Unidos les afecta a ellos... no somos ciudadanos de dicha nación, no nos regimos por sus leyes (a menos que vayas para allá) y jurídicamente su soberanía -con todo y Trump- acaba donde inicia la nuestra, ¿o no? 

Así que, regresando a la pregunta: ¿por qué criticamos a Trump? 
Respuesta rápida: el muro.  

De acuerdo, es una medida extrema y que demuestra su -o sus, de quiénes los respaldan- racismo con un desprecio similar al que no hace mucho -aunque sigue latente- se sentía en Norteamérica por los negros (lo digo sin ser peyorativo) y al que, nos guste o no aceptar, algunos americanos sienten por los latinos (hablar español es sinónimo, si lo haces allá, de una especie de rebeldía. Es decir, de "bad boys"). 

Pero en Mexico ¿qué sentimos por los indígenas?, ¿cómo vemos a todos aquellos costariqueños o salvadoreños que cruzan por nuestro país en búsqueda de la frontera con EU? 

La respuesta rápida: lo mismo que Trump siente por los musulmanes y latinos. Aversión, por decirlo con palabras bonitas.

¡Qué bonito es defender lo latino cuando un gringo desde la Sala Oval nos ofende, ¿verdad?. Pero nos estamos desviando. 

Regresemos al famoso muro

La amenazas a las remesas, hacer el dichoso muro o amenazar con restringir Visas nos despiertan y pegan en el ego mexica haciéndonos salir a la calle con letreros que rezan "fuera Trump" pero, ¿para qué?  

No es nuestro presidente. No está reformando nuestras leyes. No transgrede -todavía- suelo mexicano.

Lo que hace, aunque es frío decirlo, es estrechar su constitución, y sus leyes, para que ésta juegue a su favor pero recordemos que la constitución que juró proteger Trump aplica únicamente en suelo americano no en el nuestro aunque tenga efectos colaterales mundiales.

Marchar para protestar e incluso el pedir derribar instituciones o personas, en son de paz, es válido pero solo cuando dichas instituciones o personajes están o manejan el suelo de los protestantes. Cuándo no ¿tiene algún sentido marchar?

Los estadounidenses escogieron a su Presidente, les guste o no admitirlo, como lo hacen los alemanes con su canciller o nosotros, en México, con el representante del poder ejecutivo. Si marchamos es para protestar contra él (EPN, o el que venga), contra su gabinete o instituciones y acciones -o inacción- pero, reitero, ¿qué se gana con marchar contra el señor Trump desde el otro lado de la frontera? Una frontera que de hecho él quisiera borrar del mapa.

Nada. 

Solo ocupar calles y bloquear tráfico para hacer patente lo que todo mundo ya sabe: que en la Sala Oval está un tipo de cuidado; pero quiénes tienen el poder de quitarlo, quiénes son afectados en primer lugar por sus decisiones son los ciudadanos de la "Nación más poderosa del mundo".  No nosotros. No el mundo. 

Cada pueblo democrático tiene lo que escoge su mayoría... dejemos que esa mayoría, en su suelo, decida y proteste contra lo que ellos consideran injusto o que no les representa.  

Imagen | El País

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