14 de septiembre de 2016

 

Desde mil novecientos ochenta y ocho los Juegos Paralímpicos se celebran paralelamente, con unos días de diferencia, en la misma sede de los Juegos Olímpicos pero fue hasta dos mil uno cuando se formalizó un acuerdo entre el COI y el CPI [Comité Olímpico Internacional y Comité Paralímpico Internacional, respectivamente] para ello. 

Aunque en teoría ambos comités, y el movimiento olímpico en general, se oponen a cualquier discriminación el hacer los eventos de manera aislada da mucho de que hablar. 

No es solo por la falta de apoyo a los atletas de los partners o de los comités olímpicos nacionales, o por la cuasi nula transmisión -y difusión- de los eventos cuando comparamos el complejo, elaborado y millonario ecosistema formado alrededor de los deportistas de la justa Olímpica tradicional

La idea en general es genial pero existe un pero. 

El dar una oportunidad de vida y verlo como una opción incluyente y activa a personas que por situaciones diversas [ya sea de nacimiento, por alguna enfermedad o accidente] se ven "limitados" -entrecomillo- a realizar cierto tipo de actividades consideradas por la mayoría como normales es sin duda algo que agradecer, y que admirar. 

Pero la manera en que la llevan a cabo es errónea o, al menos, no del todo buena. 

Un movimiento que nació con la bandera de la no discriminación separa a los competidores "normales" de los paralímpicos. "Celebra" el movimiento olímpico en dos grandes segmentos, con varios días de separación, y sin un empuje similar. 

¿No sería realmente incluyente realizar los eventos a la par? 

Es decir. En lugar de quince días de competencias olímpicas convertir la justa cuatrianual en un evento mensual, en donde aunque separados por categorías [debido a las características propias de todos los competidores] convivan y compartan no solo el Medallero sino la Villa y gocen de la misma difusión y merchandising.  

Los atletas paralímpicos son personas que, por solo verles competir merecen y obtienen una enorme admiración por parte de no pocas personas. Muchas personas en situaciones similares a ellas, o incluso con menor severidad, se dejan derrotar y transforman su vida en un viacrucis mientras los competidores paralímpicos demuestran que la sola voluntad y, sobretodo, la mentalidad ganadora, puede más que cualquier limitación física. 

Necesitamos como sociedad más ejemplos como ellos. Más medallistas paralímpicos que nos restrieguen en la cara que pese a no tener alguna extremidad, no poder ver u oír o no poder caminar por propio pie obtienen récords olímpicos y ganan medallas las cuáles quizá muchos de nosotros, simples mortales [no deportistas de alto rendimiento], no podríamos conseguir. 

Pero necesitamos aún más lecciones de inclusión. Poder ser testigos de que un deportista ciego y alguien que puede ver comparten la misma mesa de la Villa Olímpica. Que las medallas que se obtienen en los cien metros en sillas de ruedas cuenten igual en el medallero olímpico histórico que las medallas que obtiene Bolt para Jamaica. 

Así como las Olimpiadas tradicionales enseñan que pueden convivir en un mismo evento ciudadanos de países en guerras, hombres blancos y negros, una mujer en burkini y otra con bikini... así se necesita empezar a aleccionar a toda la sociedad que se puede y debe incluir en su entorno a personas a las que malamente se etiquetan como discapacitados. 

Y una buena manera de empezar es compaginar ambas competencias internacionales. 




Puedes conocer más sobre los Juegos Paralímpicos en la Wikipedia
La imagen del artículo es original de Sport.

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