Visitar enfermos está de moda [#crítica]


Hace algunos días caí enfermo, nada delicado pero que sí implicaba descanso obligatorio al menos por un par de días. Platicando con un amigo vía Messenger éste me comentó: “dime si ocupas algo, igual ahorita tengo que visitar muchos enfermos con eso del Año de la Misericordia”. 

El jubileo de la misericordia, conocido como Año de la Misericordia, es un es un periodo jubilar religioso celebrado en la iglesia católica para celebrar el quincuagésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, convocado por el Papa Francisco, que cubre del ocho de diciembre del dos mil quince al veinte de noviembre de dos mil dieciséis.

El comentario ácido lo sentí en broma. Él, pese a ser católico, suele tener una mentalidad interesante, muy open, pero al mismo tiempo encendió una lucesita de advertencia en mi día a día. 

Otro día, charlando con un grupo de catequistas, salió a colación la experiencia de los retiros y grupos juveniles católicos de algunas de las chicas. Dos de ellas citaron que días atrás habían, como no, visitado a algunos enfermos. Otra agregó, en sintonía perfecto para lo del Año de la Misericordia. 

Lo peor vino de otra de las señoritas quien agregó que les había tocado lluvia: “así tiene un poco de más valor”, sugirió. 

Irónicamente, dentro del grupo de catequistas hay personas enfermas, o salidas del hospital, o ya muy ancianas pero a ellas fueron -ni van de ordinario- a ver,. Asistieron en comitiva a otro sitio. 

Sé que son dos casos pero sin duda visitar enfermos está de moda. Enfermos en su mayoría extraños (¿dónde está eso del el buen juez por su casa empieza?, cof) y solo por realizar, como buena moda, obras de misericordia corporales como lo  son el de visitar a un enfermo ya que garantiza según el Papa Bergoglio obtener indulgencia jubilar (es decir, el perdón de todos los pecados, incluso de ésos reservados a la Santa Sede).  

Y aquí viene un argumento más incisivo. 

Terriblemente muchos de los católicos, y más de ésos conocidos en el bajo mundo como cucarachas de templo, hacen muchas de las cosas recomendadas por el Papa, léase a cualquier autoridad eclesial, solo porque la recomiendan, no porque les nazca. 

Y es que hacer cosas porque alguien te dice que se deben de ser no es auténtico. Se supone que la misericordia, de la buena, brota del corazón, espontánea y libremente, como un sentimiento natural de un hijo de dios hacia otro hijo de dios. 

No es que esté mal ir a un hospital a visitar enfermos pero la mayoría de esa gente, los visitantes, son personas que el gesto lo hacen una sola vez en su vida, jamás, a no ser de que un familiar esté delicado de salud -o ellos mismos- vuelven a pisar un nosocomio. 

Seguir la moda nunca es recomendable. Es nice, es la “onda” pero como tal, dicha moda pasa, valga la redundancia, de moda y a otra cosa olvidando de tajo lo que podría haber sido el inicio de un gesto filantrópico de admirar. 

Para rematar, dicen que para ser un buen misionero -por seguir bajo el ejemplo del contexto católico- no hace falta irse a una selva cuasi deshabitada del Sahara. Puedes iniciar con el vecino de junto y darle un vaso de agua, ofrecerle de comer… siendo, en resumen, misericordioso. 

¿Para qué ir a curar la malaria si puedes atender de gripa a tu enemigo del trabajo?

Y es que eso es misericordia: abrir el corazón al miserable, como dice su etimología. Ver con los ojos de dios a los demás; sí, suena a proselitismo pero es lo que intenta vender Francisco con su año jubilar. 

Eso de ser candil de la calle y oscuridad de tu casa, dicho mexicano, es un buen gesto de que las cosas no se están haciendo bien y terriblemente es una frase que a la mayoría de los católicos de a pecho colorado le sienta muy bien. 

No me mal entiendan. 

Está bien ir a curar la malaria a África o visitar enfermos solos y abandonados en un hospital pero terriblemente se les olvida a ese tipo de gente que lo primero que debemos de ver es nuestro frente, para después ir hacia el horizonte. 

Y peor aún si las cosas se hacen o por moda, o porque “quiero conseguir algo” o porque mi autoridad eclesial sugiere que así se hago. Eso no es natural, no es sincero. 

La moda te arrastra aunque no estés desacuerdo. El “querer” algo se llama interés, y cuando algo se hace con esta primicia el gesto es todo menos auténtico. El seguir la sugerencia de alguien es tomar la vía fácil, sin decir realmente tú lo que era lo importante. 

Es por eso la crítica habitual entre los círculos de la ética hacia los creyentes: ¿soy bueno porque quiero serlo o soy bueno porque le temo a mi dios?

Si vas a hacer de algún modo, sé tú. Sin interés, sin seguir un molde prefabricado y, sobretodo, sin ser oveja ciega de una voz que no sabe ni de dónde suena.




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