A las mujeres se les lavarán los pies el jueves santo.


En el ritual católico de la Misa in Coena Domini [de la Cena del Señor] dentro la liturgia del jueves santo el sacerdote oficiante practica durante la misa un "lavatorio de los pies" -literal- recordando lo narrado en los evangelios previo a la Pasión de Cristo.

Desde la última reforma de la Semana Santa, bajo el decreto Maxima Redemptionis costra mysteria -en noviembre de mil novecientos cincuenta y cinco-, esta práctica se llevaba a cabo con la participación de doce hombres o muchachos "sacados" del pueblo después de la lectura del evangelio de san Juan para manifestar de forma representativa la humildad y el amor de Cristo hacia sus discípulos. 

Pero en enero de dos mil dieciséis se dio una noticia de reforma que oficializa lo que en teoría se viene haciendo desde unos años antes: la inclusión  dentro de dicha selección de mujeres, ancianos, enfermos, clérigos, consagrados y laicos; es decir, se podrá elegir de entre todos los miembros del pueblo de dios.

El decreto publicado el veintiuno de enero del dos mil dieciséis por la Congregación para el Culto Divino y la Doctrina de los Sacramentos -la encargada de salvaguardar las sanas y correctas prácticas en la liturgia y demás asuntos de culto- siguiendo las consideraciones realizadas por el Papa Francisco en diciembre del dos mil quince estipula que en la página trescientos, en su número once, el Missale Romanun modifique la rúbrica "Los hombres elegidos [...]", refiriéndose a quiénes le son lavados los pies, por "Los elegidos entre el pueblo de dios [...]".

Con esto se abre la elección de los doce a todos fieles, buscando con ello que se represente la variedad y unidad de cada porción del pueblo de dios eliminando con ello las restricciones "oficiales" hacia solo hombres. 

Lo curioso del hecho es que la noticia se publicó con bombo y platillo en los principales medios, desde los enfocados a temas de religión como a los "seculares" marcando, como casi siempre lo hacen con el papa Bergoglio, la novedad de su trabajo y el cómo, según ellos, los aires nuevos llegan al Vaticano cortesía del argentino. 

Pero es que no hay mucha novedad. 

Es verdad que oficialmente a los hombres se les lavaba los pies pero de unos años para atrás el gesto no era limitativo. Sin ir mucho en el tiempo, en dos mil catorce Francisco lavó los pies en el ritual del Jueves Santo a dos mujeres musulmanes, y a un preso. 

Y cito a Bergoglio porque es el caso a resaltar pero en iglesias locales esto ya se llevaba a cabo, incluso antes que él lo hiciera. 

Han pasado dos celebraciones de jueves santo -sumando la citada líneas arriba- antes de la publicación del decreto de inclusión en los cuales Francisco reflexionó, según sus palabras, sobre cómo mejorar la modalidad de actuación para que exprese plenamente el gesto efectuado por Jesús en el Cenáculo, su entregarse hasta el final [...], su caridad sin límites pero sin duda en el siglo veintiuno esto no tendría que ser novedad, incluso si se trata de algo oficial. 

Estoy de acuerdo en que quizá para los sacerdotes y obispos chapados a la antigua el que la orden venga directamente de Roma pega, pero la Iglesia desde hace algún tiempo ha ido aceptando que en menor/mayor medida debe de permitir cierta injerencia femenina en sus asuntos, sobretodo porque su principal audiencia son ellas. 

Pero no corramos. 

No se puede alzar campana al cielo pensando que con el gesto de la Congregación para el Culto, respaldada por Bergoglio, las cosas en cuanto a mujeres dentro de la Iglesia Católica vayan a cambiar: sacerdotes mujeres están lejos, por no decir que nunca, de llegar. 

Simplemente se permite que se integren "más" pero respetando los límites tradicionales: las mujeres, de espectadores. 

Aunque en pleno declive del catolicismo se les integra, como a los varones no sacerdotes -laicos- más en la vida parroquial porque no queda de otra. A falta de ministros ordenados de cultos se toma mano del pueblo de dios

Pan y circo, como dicen por ahí. 

Con la incorporación oficial de las mujeres en el lavatorio de los pies se da cierta impresión -que la Iglesia exprese, como lo reflexiona el pontífice- de integración sin resquebrajar por completo la pirámide masculina que conforma al Vaticano.  

Es eso, no hay tanta noticia como tal. 



Imagen | Aci Prensa
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