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A grande decepção.


¿En el bLog de miguE hablamos de fútbol? Sí, no me he vuelto loco (ó al menos no al grado de internarme en algún nosocomio).

Para algunos, una gran mayoría de que se dicen aficionados-fanáticos a dicho deporte (soccer, en inglés), éste es casi o prácticamente como una religión; lo curioso del asunto es que surge como una rama religiosa de la creencia Supranatural -oficial- que profesan y que, junto con ella, se vuelve igual o más importante que el agrado o complacencia a Quién creen los acojerá después de la muerte. 

Brasil, el país que tiene al fútbol como una religión (así se le conoce) se dispuso, apoyado por su gobierno, la Federación Brasileña de Fútbol y la FIFA a organizar un Mundial -la mayor justa profesional de dicho deporte-, en su territorio, en el año dos mil catorce, con la firme convicción de que apoyados por su gente (y con una infraestructura que prometía ser de Primer Mundo) lograrían conseguir su sexto campeonato mundial.

¿Qué pasó?

Desde un inicio las protestas no se hicieron esperar; uno de los argumentos que se dio para convencer a los miembros organizadores de seleccionar a Brasil como Sede Mundialista fue que los estadios -y demás arquitectura necesaria- saldría, su finianciamiento, de patrocinios y lo que ocasionó la ira de la población fue que al final no se respetó el pacto y, junto con lo que se levantará para Brasil 2016 (las Olimpiadas), saldrá de presupuesto Federal vía impuestos. 

Si ya de por sí es malo que se tome dinero de la Federación para un evento masivo -deportivo- es peor si a cambio no solo se incrementan los impuestos sino además se recorta presupuesto para salud, educación (entre otros) buscando inyectar más dinero al inflado proyecto de construcción y/o remodelación de doce estadios mundialistas cuando la FIFA pide, al menos, contar con ocho para ser País Sede. 

A favor intentaron mediar algunas cosas: el dinero que percibiría el país vía los visitantes extranjeros (para los dos eventos) y, más importante aún -para el "pueblo" brasileño, así trataron de vendérselos- obtendrían la Copa del Mundo.

La población fue bombardeara con el mensaje de que Su Selección era la Mejor del Mundo, que la "Canarinha" -como se le conoce- era invencible y que junto al Director Técnico que los hizo campeones en dos mil dos (su último campeonato mundial) lograrían levantar, en casa, su sexto título...

Hablar del fútbol que jugó la selección brasileña dejaría poco a ésta crítica aunque como aficionado al deporte debo de decir que la "Verdeamarela" desmereció mucho en Su Mundial y lo más doloroso, para los brasileños que creían en su Selección, fue que se hizo evidente la manera tan mediocre de "jugar" profesionalmente fútbol contrastando con lo "bien" que decían los spots que lo hacían.

Al final, la imagen debajo de éstas líneas describe -y que fue hecha incluso antes del Mundial- lo que pasó el trece de julio de dos mil catorce en Río de Janeiro, Brasil.


Un punto aparte, pero digno de mención: 

Los veintitrés seleccionados brasileños lloraron más que lo que jugaron -pese a que decepcionaban en picada con cada minuto jugado- pero es que, sin justificar, les cargaron el peso de todo un país en sus hombros.

Ellos tenían que ser los medios y responsables de llevar a la población un bálsamo, un placebo que les hiciera olvidar, al menos por algunos días, la inmensa pobreza que cobijan día tras días además, claro, al estar contentos -por ser Campeones del Mundo, sí, con mayúsculas- facilitaran la relección de Dilma Rousseff -presidente del país- que gozaba aún antes del Mundial con ya muy poca fama. 

Muchos medios internacionales -incluyo aquí a los mexicanos, mi país- hacían gala de lo sorprendidos que estaban frente al evidente contraste de riqueza vs pobreza que reina en la cuna del Amazonas (y que era, claro, uno de los puntos preferidos en las protestas anti mundial de los brasileños) pero lamentablemente no tenemos que irnos muy lejos de nuestro país -sea cual sea- para palpar y ver lo patéticos que está la distribuciones de los bienes y el dinero.

A grande decepção... una gran decepeción se ha llevado el pueblo brasileño: humillados en Su Mundial (un 7 a 1 en contra los eliminó de clasificar a la final del campeonato deportivo), con impuestos tras sus espaldas para pagar la infraestructura que sus líderes construyeron para ser Campeones del Mundo, esperando con apatía dos años más para las Olimpiadas (y más yugo presupuestal) ¡ah!, y claro, con la misma hambre de siempre...


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Las imágenes del artículo las obtuve aquí y aquí.