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Sobreviviendo a la vida - reflexión.

 

William Shakespeare tiene una frase muy particular pero sin duda, además de profunda o dura, invita en gran parte a meditar tanto en la manera en la que vivimos como el cómo nos relacionamos con la vida misma. 

En uno de sus libros, Macbeth, el protagonista asegura: La vida es una historia contada por un idiota, llena de estruendo y furia, que nada significa...

¿Qué tanto hay de cierto en tan intensas palabras?

Se dice que cada quien habla como le va en la feria y es verdad aunque muchas veces aunque nos vaya mal -o incluso bien- la manera en cómo hemos aprendido a ver lo que nos sucede determina si las malas experiencias o momentos sean contados de una forma trágica o cómo parte de un historia.

El ritmo actual de la sociedad, en general, nos está impidiendo que valoremos los instantes que significan algo (refiriéndonos a la frase de Macbeth) y que al final de cada día -o de nuestra existencia terrenal- lo que "vivimos" termine siendo algo insignificante y nos convirtamos en solo uno más -un ser humano- que existió y no alguien -persona- que significó algo. 

Los estruendos, las dificultades, los problemas... lamentablemente forman parte de la vida de la mayoría de los mortales, de los ciudadanos de a pie que recorremos el camino que no decidimos andar de vivir pero que, una vez inmersos en el, hemos aprendido -a golpes o por medio de errores- a recorrer y, sobretodo, a sobrellevar. 

El tesoro de la vida que nos permite ser feliz es aprender y el decidirnos, sobretodo, a valorar y hacer significativos cada uno de los segundos que tenemos en nuestras manos para que, buenos o malos, mirarles desde una prespectiva mejor... diferente. 

Sin duda el guión de la vida, de nuestro andar, no lo tenemos del todo en nuestras manos ni mucho menos disponemos de la tinta que nos permite escribir o modificar el libreto. 

Ya sea que creamos en una deidad que tiene los hilos de nuestro destino en sus manos o no, la postura por la que nos inclinemos altera el resultado: solo una pequeña parte de nuestro destino está en nuestras manos. 

Pero una cosa es reconocer que la vida -la nuestra- está en las manos de... otros factores , y otra, muy diferente, es el hecho de resignarnos a que por eso el sobrevivir -o dejarnos llevar por la corriente- sea la manera por la cual tenemos que afronta el viaje de la existencia. 

Hacer significar la vida aunque sea -que no es poco- entre el pequeño o gran círculo con el que solemos convivir e interactuar diaramente basta y es suficiente como para no considerar, al final de la existencia, que nuestra vida no ha significado nada.

¿Cómo lograrlo?

Si no emprendes en lo que te gusta, te será muy difícil tener el éxito que deseas... lo dijo Steve Jobs (co-fundador de Apple) y eso aplica no solo en cuestiones labores -el contexto en el que dijo la frase- sino que se puede y debe de extender a cada una de las actividades de nuestra vida.

Es verdad que no siempre nos toca hacer lo que nos gusta -el trabajo se llama así porque para muchos es eso... un trabajo ir a el- pero si intentamos y luchamos por encontrar los lados nobles del mismo nuestro andar en él será más fácil. 

Shakespeare fue muy fatalista o más bien realista pero de una manera negativa, apática... la verdad duele pero es cierta aunque no por eso debe de ser absoluta

Vivir es realmente una aventura, espelusnante la mayoría de veces, pero al fin y al cabo un camino, un recorrido y lo importante de los viajes, al menos en éste, es el destino a donde queremos llegar.

La meta es la muerte, claro, pero el cómo llegaremos a ella y el qué dejaremos tras ella es al final de todo lo importante; ¿de qué sirve una vida grandiosamente vivivida si al dejarla no dejamos un significado, palpable y trascendente, con quienes nos topamos mientras vivíamos?

De hecho antropológicamente se dice que la idea del cielo o de la vida posterior a la muerte viene de ese anhelo propio del ser humano de no dejar la vida y, una vez que se hace -inevitablemente-, seguir vivo de alguna manera. 

Independientemente de si se adopte creer en un paraíso o que se crea que tras morir seremos polvo que vuelve a sus orígenes sin un alma que vuele a algún lado, la vida eterna es alcanzable, seáse como creyente religioso o como un "no creyente", si dejamos algo -no materialmente hablando- tras dejar de existir.

Trascendiendo en la vida es como logramos que la vida vivida signifique algo, tanto que haya significado algo para nosotros como en los que fueron traseúntes nuestros mientras tuvimos existencia; no permitamos que la frase tan real de Macbeth sea la bandera que inconcientemente izamos y permitámonos cambiarla por una que diga:

"La vida, mi vida, vale y tras ella dejaré un significado a su alrededor".


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En Arabia Saudita ser ateo es como ser terrorista.

Así es, amable lector, loco pero terriblemente así de cierto. 
Con el objetivo de eliminar toda posibilidad de disidencia política, el rey Abdullah de Arabia Saudita proclamó el diecinueve de abril de dos mil catorce una serie de leyes que, en algunas de éstas, deja claro la definición de que los ateos son terroristas.
La propuesta de las leyes inició en enero de dos mil catorce y pese a que Human Rights Watch publicó en marzo de dos mil catorce un informe sobre los abusos de las propuestas de ley éstas procedieron sin problema. 
Éstos decretos crean un marco legal que criminaliza todo pensamiento o expresión disidente catalogándolo como terrorismo; las variaciones de pensamiento incluyen cargos como romper la lealtad con las leyes, difamar la religiosidad -ateísmo, entre otros-, sembrar la discordia además de intentar romper la seguridad interna al convocar manifestaciones. 
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