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Analizando al papa Francisco: persona del año 2013.


Cuando Benedicto XVI pronunció su ya famoso discurso sobre la renuncia a su cargo de pontífice el mundo entero sucumbió;  pese a que no era algo histórico (la Iglesia reseña hechos similares) la historia reciente no recordaba a algún papa abdicor.

Muchos se osaron en decir que el cristianismo católico como tal desaparecería puesto que el shock sería tanto que causaría un cisma de la magnitud de Calvino o Lutero.

Otros, por su parte, comenzaron a visualizar al sucesor -en vida- de un Papa: su perfil, su edad e incluso el cómo tendría que ser su pontificado con la condicionante de haber dos papas en Roma, uno emérito y otro en funciones

Ayudó sin duda el que la renuncia de Ratzinger al papado fue algo meditado y planeado, no fue una rotura total sino que dicha decisión tomaría vigencia algunos días después de que fuese conocido por el mundo su deseo.

Pasaron los días y llego la fecha: primero de marzo -dos mil trece-; el mundo católico se quedó oficialmente sin Sucesor de Pedro aunque quien ocupara la silla hasta un día antes seguía vivo

El protocolo ordinario de Sede Vacante no varió a lo común; acudieron los cardenales del mundo -aspirantes al "trono"- para votar en el Cónclave 2013, hubo una Congregación General de los príncipes de la Iglesia antes de encerrarse en la Capilla Sixtina en donde meditaban sobre las necesidades de los feligreses y comenzaban a trazar el posible perfil del nuevo papa. 

Por su parte la prensa internacional secular comenzó también a emitir, como es tradición,  a sus papables;  pocos se aventuraban por un latinoamericano y muchos menos apostaban por alguien tan anciano pero los cardenales -o el Espíritu Santo para los católicos- decidieron otra cosa.

Y así fue como todo se fue preparando para que la noche -en Roma- del trece de marzo -del dos mil trece- el mundo saludara y orara por el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio,  conocido religiosamente como Francisco, el papa.

Muchos dudaron de él, otros vieron sus primeros y constantes gesto de humildad con buena pinta -y otros como algo preparado- pero lentamente y con firmeza Francisco fue logrando en sus primeros nueves meses de papado ser aquél referente que necesitaba con urgencia la Iglesia Católica para volver a ganar credibilidad e incluso fieles piadosos

Y es que Woytila se dedicó a todo menos a gobernar un Estado, Benedicto XVI siempre tuvo fijación por los dogmas -por algo fue durante el papado de Juan Pablo II el rottweiler del Vaticano en la Congregación para la Doctrina de la Fe-.  

Aunque el primero mantuvo contentos a los católicos con Ratzinger la falta de liderazgo, carisma y la poca mano firme ante pederastas ejercida desde antes además  de otros trapos sucios que la Iglesia vino arrastrando durante el papado del polaco y en parte del siglo XXI llevaron al precipicio la credibilidad en la religiosa institución milenaria. 

Joseph Ratzinger se agotó pero no por una avanzada edad o enfermedades sino de limpiar y purgar lo que el polaco no hizo; además, su perfil nunca fue el idóneo para saber hacer frente, públicamente, a tanto error y negligencia de los altos cargos católicos previos a que él tomará el mando.

El escándalo de los Vaticanleaks terminó por destrozar el ya en ese momento desgastando pontificado del teólogo alemán por lo que ante la inminente realidad atea -secular- del mundo lo mejor era renunciar solicitando, entre líneas, a un sucesor carismático, simpático y con perfil social para re-enamorar al mundo del mensaje cristiano.

Y es que visto con frialdad Benedicto XVI nunca gozó ni de popularidad ni de aceptación por parte del pueblo católico de a pie -aquellos que solo asisten a misa ante un compromiso social, son fervientes de advocaciones marianas o algún santo y rezan cuando les conviene; y claro, los mandamientos de la Iglesia son cumplidos esporádicamente-. 

De hecho, cuando el papa alemán renunció la mayoría de católicos ordinarios -tristemente para la organización es el gran porcentaje del total de sus feligreses- recibieron sorprendidos la noticia -por la novedad de que un Papa renunciara-  pero muy  dentro de ellos el anuncio fue más bueno que malo.

Frente al anterior panorama se topó la persona del año dos mil trece para la revista Times al decidir decir que si al nombramiento como pontífice de la Iglesia Católica en Roma;  Francisco sorprendió al mundo por hacer lo que aparentemente ningún papa había hecho; gestos como el viajar en un auto sencillo y no vivir en los departamentos papales admiro desde el principio a propios y extraños. 

Pero no hizo nada nuevo; simplemente buscó, consiente o inconscientemente, adaptarse a lo que el mundo actual exige.  El testimonio es lo que hoy vende versus a la teoría o dogmas. Buscar en la medida de lo posible imitar al fundador -Cristo- es lo que incluso los no católicos pedían para el Vaticano.

Incluso la revista homosexual The Advocate escogió al papa Francisco como persona del año frente a varios activistas pro derechos de los homosexuales. La razón, según ellos, fue hablarles diferente y dar esperanza de acogida. 

Como Papa, él no ha dicho que la Iglesia católica apoya las uniones civiles (entre personas del mismo sexo) pero lo que Francisco ha dicho sobre la comunidad LGBT ya ha causado reflexión y consternación dentro de su Iglesia, indicó el portal web de la revista Advocate.

No fue ni más incluyente ni menos excluyente con los homosexuales; de hecho tanto en su primera exhortación apostólica como en la encíclica publicada el año de su elección reconoció que en temas polémicos todo estaba dicho y que prefería dejar dichos asuntos a los teólogos pero, más importante aún, es que la Iglesia necesitaba verse más como Madre y menos como un juez (aunque al final si delimita el actuar de sus fieles).

"¿Quién soy yo para juzgar?", replicó cuando le preguntaron su opinión sobre los homosexuales. Para muchos, el trabajo de un papa consiste precisamente en eso, en juzgar. Con su declaración, Francisco no cambió la doctrina pero sí  transformó de fondo la percepción del papel que debe tener un pontífice.

La revista Times menciona entre los motivos que los llevó para la elección del papa Francisco como la persona del año 2013 -el tercer pontífice en ser honrado con tal título anual- es que él ha presentado en sus primeros meses como papa a la fe católica como algo agradable además de brindar a sus oyentes esperanza, amor y esperanza.


Federico Lombardi dijo a la prensa que ningún papa persigue una mención tan pública -o secular- pero muy dentro de él y al interior de Roma así como en la mente de Ratzinger se decían: La tarea está hecha;  el sacrificio de tener un Papa emérito había válido la pena.

En un artículo del bLog de miguE mencioné que aunque la versión oficial en el Vaticano es que Ratzinger sólo se dedicaría a rezar la realidad era otra: el teólogo alemán sería lo que Pablo fue en los inicios de la cristiandad -sólo que sin salir a misionar- mientras que el papa argentino la haría de Pedro -con aparente poder aunque la ortodoxia la dictaba Pablo- y, a su vez, atraería la simpatía por la cristiandad. Eso, lo anterior, creo que ha pasado -y seguirá pasando-.

Analizar el dos mil trece en la Iglesia Católica lleva forzadamente a ver a dos papas pero aún más fuerte nos lleva a reflexionar sobre la vigencia, luego de Ratzinger, de la institución

Francisco al igual que su homólogo de Asís del medievo se ha dedicado a hacer a lo que fue llamado: reparar la Iglesia aunque el argentino no lo hizo de una forma radical si logró, al menos en nueve meses, ganarse al mundo pese a su dudoso o polémico pasado en Buenos Aires. 

Será importante ver su actuar ya que cumpla doce meses de reinado porque la regla no dicha oficialmente pero válida para todo nuevo clérigo que toma un cargo de poder -Obispo, cura, Cardenal,  etcétera- es que en el primer año de su nuevo puesto solo ven cómo están las cosas para después iniciar los cambios.

Lograr aplicar la visión de cristianismo que impregna en sus escritos como papa -los dos documentos que ha sacado: uno editado del original de Ratzinger, y la exhortación realizada por él en agosto del dos mil trece- será realmente la vara que pueda decir si es un Papa que llegó a Roma del Fin del Mundo a renovar totalmente la cristiandad católica o solo es un personaje más vestido de blanco que pasará a la historia por ser carismático y atrayente tanto para sus fieles como para no creyentes. 


¡Feliz año nuevo!, amable lector
Nos leemos, primeramente, a lo largo del dos mil catorce



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La imagen que encabeza el post la obtuve del sitio Almomento mientras que las tres portadas de la Revista Time la usé del blog Yorezoxelpapa y la referencia a la publicación homosexual la leí aquí

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