¿La religión debe ser declarada una enfermedad mental?


El veintiocho de marzo [de dos mil trece] la revista Time publicó en su sitio web los resultados, rescatados por Francine Russo, de una serie de investigaciones hechas por psicólogos clínicos de la UCLA en relación a los grados de religiosidad infantil y sus peligros o ventajas.

Bajo el sugerente título ¿Puede su hijo ser demasiado religioso? el autor expone las diferentes maneras en que la religiosidad es vivida -por cualquier feligrés- ya que pese a estar enfocados en niños el cómo se experimenta la religiosidad en cada fiel puede denotar o no algún tipo de desorden psíquico.

Algunos sitios ateos no perdieron la oportunidad de confundir tanto el estudio como la publicación norteamericana resumiendo que, según ellos, los psiquiatras analizan declarar la religión como enfermedad mental.

Lo anterior, el intento de inclusión, dista mucho de lo que explica el artículo original y es por eso que en el bLog de miguE intentaré, amable lector, detallarlo neutralmente. 

Si analizáramos en pocas palabras la publicación se pudiera resumir en que para los psiquiatras estadounidenses lo peligroso -o alarmante- no es tanto el apego a ritos y prácticas religiosas sino la cantidad de las mismas versus la calidad en estas y, sobretodo, las consecuencias en la vida del fiel.

Y es que para determinar si un niño -o persona religiosa- sufre de algún problema mental debido a su religiosidad los especialistas analizan si sus prácticas espirituales ayudan o aíslan al susodicho puesto que el rezar mucho, en algunos casos, puede ser síntoma de un Trastorno Obsesivo Compulsivo

Dentro de la investigación los médicos identificaron en un importante grupo de niños un trastorno de ansiedad ligado a la falta de rezar a su vez de que la sensación se potencializaba al ligar la carencia en las súplicas con un posible castigo de la divinidad.

Escrupulosidad fue el nombre que le dieron los psiquiatras a la vergüenza y culpa que siente el feligrés ante la duda de haber o no pecado en su día a día. 

Las personas diagnosticadas con esta nueva categoría expresaban su temor, constante, a blasfemar, pecar o cometer actos de impureza; lo anterior, cabe mencionar, es perfectamente aplicable en cualquier credo. 

Dentro de lo curioso del mismo estudio destacó que quienes sufren ésta especie de Trastorno Obsesivo Compulsivo Religioso enfocan su atención solo a algunos ritos o reglas del credo que profesan y no presentan, en consecuencia, un apego celoso a todo el compendio doctrinal. 

La falta del perdón divino, de alcanzarlo, es la causa principal de la ansiedad que los niños presentaron a lo largo de la investigación; algunos de los voluntarios además manifestaban alucinaciones espirituales.

Se distinguió un hecho muy peculiar: los pequeños de familias marcadamente religiosas presentaron, en algunos casos, una tendencia a comportamientos compulsivos piadosos vinculados con el temor-ansiedad de que, si rezan mucho, los tratarían y tratan mejor en casa. 

Como conclusión, el análisis aterriza en que las diferentes prácticas religiosas no deben de superar la vida del individuo; ambas partes del mismo deben coexistir y no rivalizar. 

Descubrir que por rezar mucho o ir en demasía a misa -o practicar algún otro rito- altera la manera en que se disfruta o vive la vida es sinónimo de un problema psíquico, al menos, es lo que dicen los analistas de la UCLA.

Como opinión personal creo que el análisis norteamericano no dice nada nuevo ya que cualquier comportamiento, por más bueno que éste sea, practicado y vivido con exceso -y sobretodo obsesión- es nocivo para la salud, tanto la física y mental de cualquier ser humano.

Dentro de lo rescatable del asunto me fijo más en la manera tan ridícula de transformar una información sana en una punta de lanza, hiriente para algunos, que intentó penetrar el pensamiento colectivo. 

En ningún momento el estudio vinculó a la Religión, con mayúscula, como una fuente o motivo o trastorno mental. Sus prácticas, algunas y en exceso, sí así como lo son el lavarse consecutivamente las manos, dar vueltas en un mismo lado repetidamente, etc. 

La intención de la revista Times fue más que nada presentar una alarma hacia a los padres [recordemos que el estudio estuvo enfocado en niños]  ya que en todos los casos detectados los papás ignoraban sin querer los síntomas creyendo que su hijo o hija eran buenos fieles. 

Ése fue, pues, el motivo tanto de la investigación como de la recapitulación de la revista; sin pretenderlo muchas veces creemos que las personas con ciertas conductas -aparentemente aceptadas y normales en la sociedad- son entes sanos cuando ellos sin saberlo son víctimas de un padecimiento.

Ya enfocándonos nuevamente al tema religioso la manera de vivir la religiosidad aunque es un asunto personal y por ende particular, sí es algo de lo cual se debe de enfocar la atención por dos motivos en particular:

El primero de ellos, el que rescata el sitio web estadounidense, es vital puesto que de ello depende la salud mental de cada uno de los individuos pero el segundo, aunque no afecta a la salud, sí es también muy importante. 

Testimonio. Este elemento, el cómo practica cada quien su religión -si la tiene- y el cómo interactúa con los demás es el pilar de todas las religiones en general además de que, lamentablemente en muchos casos, un mal testimonio o incoherencia de vida por parte del fiel detona en la percepción que los otros -el mundo- tiene de la religión que la persona dice profesar. 

Así pues, la religión debe de ser un medio para alcanzar un sentido elevado en el autoestima personal, contribuir en el desarrollo de vida del feligrés y, sobretodo, ser un reflejo ejemplar en el comportamiento moral y ético del individuo. 




Tags: religión y salud mental, es sano rezar, religión enfermedad psíquica, consecuencias del rezo
La imagen que encabeza éste artículo la obtuve de cady_cornner mientras que el artículo al que refiero, de la Revista Times está aquí mientras que la referencia de sitios ateos la ví aquí.