Dos papas en Roma: análisis.


Cuando el mundo supo que Benedicto XVI iba a renunciar -el once de febrero, dos mil trece- lejos de pensar inmediatamente en su posible sucesor [barajar nombres de papables] se maquetó en la mente de muchos la idea de que por primera vez, en siglos, habría, luego del forzoso Cónclavedos papas en Roma.

Bonifacio VIII experimentó algo similar a lo que el papa Francisco con su antecesor -vivo- ya que su predecesor, Celestino V, seguía con vida -pero alejado del mundo- cuando asumió el Trono Petrino. 

En esa ocasión aunque el papa dimisor se retiró a un convento para orar el mundo cristiano lo siguió considerando como vigente. Con la renuncia, en dos mil trece de Joseph Ratzinger, se temía lo mismo. 

Benedetto Gaetani, el papa Bonifacio VIII, sobrellevó sobre sus hombros la teoría conspiratoria de que, decía la gente, había mandado a asesinar al papa renunciante para evitar un amenazante Cisma

Lo sucedido en dos mil trece no tenía precedente reciente y, por eso, se especulaba mucho al respecto. Benedicto XVI, todavía como papa vigente, se encargó de decir que se sometería a quien los cardenales designaran como pontífice pero su sombra no dejaba de asustar. 

Diez días después de su elección como papa, Jorge Mario Bergoglio fue a visitar al pontífice emérito Joseph Ratzinger a quien además de llamarle públicamente hermano, platicó y convivió con él por espacio, en privado, de más de cuarenta minutos. 

¿Pero realmente está alejado Ratzinger del papado de Bergoglio? Muchos, me incluyo, creemos que no. 

El Colegio Cardenalicio fue formado, en su mayoría -al menos los electores- por las manos de Benedicto XVI a lo largo de sus casi ocho años de reinado incluyendo que el secretario privado y personal del papa emérito siguió vigente y muy de cerca -en la misma Capilla Sixtina- la elección del nuevo papa. 

Además, en el perfil del papa humilde -Francisco- se sabe de sobra que eso de la teología y cosas muy pomposas no se le dan. Él es del pueblo y para el pueblo. 

Le gusta lo simple, comulga fácilmente con ello. Y eso es bueno -no para los típicos cardenales envueltos en lujos- pero sí para la renovada iglesia católica.

Pero a pesar de que desde en su presentación oficial en el balcón de la Basílica de san Pedro el papa Francisco quiso poner impronta personal a su papado, le telefonea -casi a diario- a su hermano emérito Ratzinger.

Lo anterior no es nuevo pero sí es algo que ha causado impacto. 

Desde antes de ser elegido como papa, Joseph Ratzinger asistió y fue por mucho tiempo la mano derecha de Juan Pablo II; se dice -las malas lenguas- que de alguna forma él -Ratzinger- llevaba realmente el poder aunque frente a las cámaras siempre salía el papa polaco, por eso de la simpatía.

Sin embargo, si nos remontamos más atrás en la historia del cristianismo nos topamos con dos personajes muy peculiares pero amados por la cristiandad: Pedro y Pablo

Se pelearon, tuvieron sus malos ratos. Uno convivió con Jesús, el otro solo tuvo una visión, pero sin el uno con el otro la naciente iglesia cristiana nunca hubiese florecido a como es hoy.

Pablo dogmatizó las cosas, le puso un orden, generó teología. Pedro, tenía las llaves, era humilde -pescador-, un poco conflictivo pero al ser discípulo de Jesús -y a quien su maestro designó, aparentemente, como sucesor- tenía respeto y simpatía. 

¿Paralelismos? ¡Desde luego!

El Vaticano tendrá dos cabezas aunque oficialmente y en el papel es solo una. Francisco saldrá al mundo a predicar, será la cara amable y el rostro bonito -y vendible- que necesita la Iglesia para recuperar fieles.

Por su parte, Benedicto XVI generará teología -mero trabajo de Pablo-, dará consejos -aunque con sutiles tintes de órdenes- y, aunque dejará que la liturgia se baje nuevamente a los humildes -él prefería ritos elaborados y de altura- seguirá dándole forma -o manteniendo, más bien- a la teología cristiana. 

Pedro, el de las llaves: papa Bergoglio. Pablo, el intelectual: Joseph Ratzinger. ¿Una nueva era para el Vaticano

Puede ser y aunque dudo que el papa Francisco renuncie -se le da eso que tenía Wojtyla- sí quizá vea la necesidad -al menos La Curia lo entienda- de compartir -en cierta medida- el gran peso, que tanto refirió Benedicto XVI, que era cargar con el ministerio petrino



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La imagen de los dos papas la obtuve del sitio en Facebook de News.va