15 de enero de 2013


El once de octubre del dos mil once el papa Benedicto XVI publicó a Motu Proprio [por su propia iniciativa y autoridad] un breve documento, compuesto de quince pequeños puntos, con el que convocó a un Año de la Fe [del once de octubre del dos mil doce al veinticuatro de noviembre del año siguiente].


La finalidad de la iniciativa pontificia fue intentar rescatar a los fieles -católicos, desde luego- de la profunda crisis de fe que atraviesan las religiones a nivel mundial buscando, durante dicho año, difundir y profundizar en los aspectos doctrinales más fundamentales.


Iniciar un once de octubre no fue algo aleatorio, tal día [en el dos mil doce] fue el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y, a su vez, el Catecismo de la Iglesia Católica cumplió veinte años de promulgado.


Por su parte, el 24 de noviembre [2013] coincide con la fiesta que cierra, periódicamente, todos los años litúrgicos católicos: la solemnidad de Jesucristo, rey del Universo.


El ciclo/año religioso del credo con sede en el Vaticano inicia el primer domingo de diciembre concluyendo el último domingo de noviembre [del año gregoriano siguiente].


Como analista del fenómeno religioso procuro leer y analizar los documentos más relevantes que publican las grandes religiones y el documento Porta Fidei [la Puerta de la Fe, en latín], texto referido, no fue la excepción.


Aunque un buen amigo cuestionó qué tanto, de manera secular y neutral, se podría analizar un documento papal considero, por la importancia del mismo, hacer pública mi reflexión.


La intención de éste artículo es presentar al lector, creyente o no, los puntos medulares del documento papal Porta Fidei sin ninguna óptica específica.


Primero que nada, ofreceré el mensaje principal de la carta que, en aspectos generales, abarca cuatro puntos centrales presentando un análisis de cada uno de ellos.


Después, plantearé los objetivos fundamentales del documento que emanan de los puntos principales del documento [recordemos que son quince] adjuntando mi opinión sobre lo que plantea y anhela el Sumo Pontífice.


Una de las frases más repetidas por Ratzinger desde que aceptó el papado ha sido que el mundo atraviesa una gran y profunda crisis de fe resaltando no solo la incredulidad hacia dios de gran parte de la población mundial sino que en ésta crisis incluso cuenta a quienes se autoproclaman como católicos.


El Año de la Fe convocado por Benedicto XVI por medio del documento Porta Fidei pretende salvar de ese bache espiritual [la crisis] a los fieles aunque dicho recate, pretende el pontífice, no es su única finalidad.


Posterior al reavivamiento en la fe el papa teólogo quiere que los católicos den un testimonio creíble y claro; y es que la falta de éste ha influido en gran parte de la apatía mundial en cuanto al catolicismo.


En los primeros años [y siglos] de la cristiandad, hasta antes de convertirse en la religión oficial del Imperio romano, algo que caracterizó a la naciente religión fue que en sus memorias se encontraban las vidas de muchos mártires.


Y es que muchos cristianos fueron asesinados brutalmente por confesar públicamente su fe y, curiosamente, lejos de alejar a los prospectos a cristianos el suceso los motivaba fuertemente.


El pontífice invita a lo largo de la carta a que los católicos del siglo veintiuno hagan y vivan públicamente las diversas celebraciones litúrgicas, así como, consecuentemente, su fe.


Aunque lo anterior no es todo. 

Existe lo que considero es lo medular en sí del año convocado: con la aceptación de la fe viene en impronta la exigencia y compromiso de la transmisión de dicha fe; en otras palabras, la obligación a evangelizar.


Es claro que Joseph Ratzinger se da cuenta que necesita urgentemente hacer algo para evitar que la hemorragia de fieles de la iglesia que él encabeza continúe. 

El mundo experimenta una nueva etapa y con ello diferentes formas de espiritualidad están presentes haciendo que, lentamente, el catolicismo romano pierda fuerza, influencia y poder.


Si no se hace algo en un futuro no muy lejano el Vaticano presumirá de muy pocos fieles y para ello se necesita seducir a los actuales católicos [piadosos/practicantes y no] a sentirse comprometidos con su fe [renovándola] para luego, sutilmente, exigir de ellos que hagan propaganda [promuevan, evangelicen] dicha fe.


Los objetivos del documento pontificio [cinco] van, desde luego, en la misma sintonía que el mensaje principal del mismo y, curiosamente, son planteados directamente, sin rodeos.


Renovar/motivar a la conversión es el primero y pilar de los otros cuatro.


La conversión se puede entender desde hacer católico a alguien que no lo era hasta re-convencer a los ya católicos de que dicha religión es la Verdadera; totalmente capturados por la fe católica podrán, los fieles, llevar a cabo las demás iniciativas papales.

Comprometerse a evangelizar. Se supone que quien tiene fe en Jesucristo [como se deduce la tienen los católicos] debe de sentirse alegre pues ha encontrado en él la salvación pero dicha alegría no es algo para vivirse individualmente.
La fe cristiana-católica es complementada a manera que el fiel comparte con sus hermanos de fe dicha convicción; es por eso, por ejemplo, la relevancia e importancia de la Eucaristía, que es la manera plena en la que el creyente vive-comparte su fe.


Al momento de compartir y entender la dimensión de su profesión él o ella [fiel], deduce y exhorta el papa, debe de sentirse comprometido [con dios] a llevar sus creencias [y el mensaje de salvación] a quien lo desconocen.


De hecho, uno de los pilares de la cristiandad, en general, es precisamente: “vayan por todo el mundo y evangelicen” [Mc 16,15]. Y es que de esta manera, lentamente, se podrá reducir el exilio de fieles a nivel mundial.


Pero el sucesor de Wojtyla está consciente de algo: el hombre contemporáneo no se convence solamente con que le hablen bonito, necesita más. Es por eso que el tercer objetivo del documento Porta Fidei habla de que se necesita suscitar a confesar la fe.


¿Y cómo se lograría esto?: con el testimonio.


La mejor forma de evangelizar es dar un buen testimonio, coherente, de la fe que el católico se dice profesar y esto, lastimosamente para la causa Ratzinger, es la mayoría de las veces la causa primaria por las cuales no se ven numerosas conversiones.


Fácilmente el 60:40 de los católicos en el mundo lo es de nacimiento o lo que es lo mismo, se dice o le catalogan como tal porque de pequeño sus padres o tutores lo bautizaron y él o ella realmente medio conoce lo que supuestamente cree y menos aún practica o vive lo que tendría siendo católico apostólico romano.


Y solucionar dicho aspecto también es pretendido por el papa Benedicto XVI gracias a su cuarto objetivo: adhesión consciente al Evangelio. Ratzinger ya se percató de que de nada o poco sirve presumir una cifra espectacular de fieles [17.2%de la población mundial] si la mayoría de éstos solo lo son por tradición.


La iglesia con sede en el pequeño Estado Vaticano requiere de engrosar sus listas de fieles con personas convencidas de su fe ya que de esta manera podrán entonces cumplir con el objetivo papal de evangelizar a quienes no conocen a Cristo y a quienes sí pero no están convencidos de él
.
Decirse católico, con toda la de la ley, lleva consecuentemente la necesidad experimentar la fe de cuatro maneras elementales: profesarla, celebrarla, vivirla y rezarla.


El primer elemento ya lo hemos visto en líneas más arriba [decirse, conscientemente, creyente] así como el segundo [con la Eucaristía/misa] más no los restantes.


Vivir la fe se refiere al testimonio del fiel: ¿vive cristianamente su vida?, ¿ama al prójimo como a él mismo?, ¿da su cooperación diocesana [diezmo] anualmente?, ¿es piadoso y ayuda a los más necesitados?

Por su parte, el último elemento es algo más individual pero no por ello menos importante, al menos eclesialmente. Se supone que al sentirse comprometido con su fe [y amor a dios] el católico necesita de tener una relación cercana con su deidad: el rezo. 

Es gracias a la oración diaria que el creyente se siente fortalecido en su día a día así como por medio de la misma puede, en gran parte, evitar caer en la tentación así como con ella es la forma mediante la cual se siente escuchado y amado por su Padre celestial.
 


La imagen que ilustra éste resumen la obtuve de Flickr.
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