24 de julio de 2012

divorcio, matrimonio, divorcio express, crisis conyugal, problemas matrimoniales

Cuando una pareja decide casarse, ya sea de manera legal o religiosamente [e incluso ambas] las personas, presuntamente, inician un proyecto de vida que, se supone, planean perdure o largo tiempo o durante el famoso para toda la vida.

Pero en el siglo veintiuno pareciera que los novios que contraen matrimonio lo hacen con el chip pre-cargado del divorcio: ¿Por qué?

Un buen día platicaba con una amiga acerca de éste ya común factor actual [matrimonios que no duran, por diferentes razones, más de cinco años] y concluíamos que era quizá porque, pese a que suene feo, es más rentable el divorcio que un lazo cuasi perpetuo de sociedad conyugal.

Muchos lo atribuyen a la sonada liberación femenina, a la puga incansable por la igualdad de derechos de género, otros porque los tiempos cambian e incluso algunos proponen que al aumentar la esperanza de vida es imposible convivir durante considerable tiempo con la misma persona. 

Yo tengo otra propuesta.

Y es que si una pareja casada engendra un heredero una de las partes de dicho matrimonio, si se divorcia, obtiene más ganancias que pérdidas [en el sentido material] en caso de llevarse a cabo el desenlace. 

La puga por la mitad de los bienes del otro y la ventaja de una manutención es algo que no muchas personas pueden/deben dejar pasar. Y si sumamos el hecho que el hijo u hijos recibirá además de una parte proporcional del salario del padre, si el progenitor es derechoso, aguinaldos, vacaciones, y dinero extra de su paga por trabajar.  

¿Atractivo, no? 

Claro, no es más que una hipótesis que, de algún modo se ve enriquecida cuando agregamos la sonada crisis de valores [¿?] y, desde luego, la cultura de lo desechable que a continuación explico.

En el siglo pasado [veinte] era más común, cuando algo nos fallaba, recurrir al taller para su reparación, bien fuera una televisión de vulvos, una lavadora o cualquier otro aparato tecnológico. 

Hoy día es incluso más barato [en ciertos casos] adquirir un dispositivo nuevo [y consecuentemente más avanzado] que reparar el defectuoso. 

Dicha tendencia en algo tan mundano se traslada consiente o inconscientemente a la vida diaria. Así ante las primeras crisis matrimoniales la pareja hace lo que haría si su estufa fallara: buscar otra [u otro] más moderno y, desde luego, nuevo. 

Todos éstos elementos se conjuntan logrando así, por una u otra cosa, que el divorcio sea la conducta más común, cómoda y, desde luego, rentable frente al mismo matrimonio. 

Imagen | Flickr
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