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Lo que dejó, en su única visita, Benedicto XVI a México.

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Del veintitrés al veintiséis de marzo [de dos mil doce] el papa Benedicto XVI realizó la primer visita a un país hispanohablante del continente americano: México

Aunado a esto el país es el segundo con mayor número de católicos en el mundo - 96, 300, 000; según datos reportados por el censo de dos mil once realizado por Pew Research Center’s [Foro sobre religión y vida pública] con sede en la capital de EU - sobra decir, además, que América [el continente] es la región del mundo donde habitan más fieles de la religión que lidera Joseph Ratzinger, con poco más del cuarenta y siete por ciento total.

Tras casi siete años de papado [elegido el diecinueve abril de dos mil cinco] se trasladó a un punto geográfico importante -por el nivel de fieles- para el catolicismo mundial. ¿Por qué esperar tanto? Si el país cuna de Frida Kahlo, además, es el primer generador de sacerdotes en el mundo [vía el seminario de Guadalajara, al occidente del país]. 

Algunos críticos ahondaron mucho en el tema y al criticado eurocentrismo que parece padecer el obispo de Roma. Vino tarde a México, un país que debiera haber sido prioridad para Ratzinger, como lo fue para su predecesor [segundo país que visitó en su primer viaje apostólico en 1979].

Sumado a lo anterior las empresas encuestadoras reportaban que poco más del setenta por ciento de la población católica no sentían interés, o la misma emoción que cuando Juan Pablo II [quien visitó el país cinco veces: 1979, 90, 93, 99 y 2002] por la visita del alemán. La jerarquía católica mexicana aunque no lo publicaba formalmente se notaba preocupada. El perfil en el mexicano del visitante era de alguien frío, sobrio, amargado, distante.

Mensajero de esperanza fue el eslogan de la visita. Brindar un anuncio de certidumbre ante la adversidad que vive el pueblo mexicano era, marcada y oficialmente, la intención del Vaticano cuando aceptaron la invitación del presidente de la República Mexicana después de la misa en Roma de la beatificación del predecesor de Ratzinger en el trono católico

Su visita -dijo el presidente de México al arribo del pontífice al país- alentará a los mexicanos. Es un gesto de solidaridad y fraternidad. Serán sus palabras consuelo e inspiración para quienes las necesitan, y renovarán la esperanza en millones de hogares mexicanos. Confío en que su visita ilumine el alma de las mujeres y hombres de esta tierra, en particular de quienes más sufren. 

Era claro el propósito tanto del ejecutivo como del papado de que los temas que se tocarían a lo largo de los tres días de la visita serían, sin más: la violencia,el desaliento y la esperanza en que todo mejorará. El objetivo: crear optimismo en el pueblo mexicano.

Vengo como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad. Deseo confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella y animarlos a revitalizarla con la escucha de la palabra de dios, los sacramentos y la coherencia de vida -dijo el papa como respuesta al discurso anterior. 

Además de motivar e inyectar o impulsar el catolicismo en México, el cual cae vertiginosamente en las fronteras y al sur de la nación, Roma quería generar un impacto mediático con el llamado sucesor de Pedro ya que pese a que el 83.3% de mexicanos se declara católico -y de ellos muy pocos son realmente practicantes- no todos se sentían identificados con su líder espiritual. La sombra de Wojtyla pesa mucho en suelo latinoamericano....


Y es que incluso los medios durante la transmisión confundían el nombre y nombraban al líder católico como Juan Pablo II; las comparaciones, además, no dejaban de mencionarse. Era evidente -tanto en ellos como en la población en general- que el nombre y peso del papa polaco no desaparece después de ya tantos años de su muerte. Wojtyla generó una época y marcó la religiosidad de muchos y contra eso quiso luchar, a su modo, Ratzinger

El primer e incluso el segundo día se notó una asistencia de fieles un poco débil; la cifra oficial [3.5 millones de visitantes en total durante el viaje] no llegó a la expectativa del Episcopado Mexicano pero gracias a las televisoras, tanto las dos principales [y casi únicas] cadenas nacionales como algunas emisoras de señal privada que transmitieron los eventos, el impacto se logró

Bien lo dijo Federico Lombardi [director de la sala de prensa vaticana] luego de la despedida popular que sostuvo el pontífice en el sitio dónde pasó las tres noches en México: el objetivo fundamental de la vista se ha cumplido

¿Cuál era? Para mi, amable lector, hacer click con la población mexicana [e incluso con toda Latinoamérica]. Las palabras de despedida del pontífice fueron épicas: Ahora puedo entender por qué el papa Juan Pablo II decía ahora me siento un papa mexicano.

El vocero del Vaticano agregó además en su conferencia de prensa: se quería lograr que el santo padre mantuviera un encuentro personal logrando superar la distancia existente entre él y los mexicanos; y los latinoamericanos. 

Y es que en las encuestas rápidas que realicé sobre las impresiones de la visita [el día que partió el pontífice a Cuba, 26 de marzo de dos mil doce] todo los católicos me respondían: si me convenció, me gustó, o cosas similares; siendo curioso el hecho de que el día de su arribo [viernes 23 de marzo, 2012] ellos mismos expresaban su escepticismo y sentimiento de lejanía hacia el jerarca. Ver sonreír al papa me encantó me dijo una amiga. 

Es que gracias a la magia de los medios de comunicación tanto los católicos piadosos como los de nombre o los fervientes participantes en misa solo los días de ceremonias como bautizos y bodas presenciaron, vivieron y se cautivaron con la figura del hombre vestido de blanco que lidera la religión más poderosa del mundo.

La edad tan avanzada, el dominio del castellano, su historial académico [que conocieron gracias a las múltiples reseñas durante las transiciones] y el saber que estuvo durante bastante tiempo como mano derecha del amado papa Juan Pablo II hicieron que la devoción hacia el polaco se inclinara por Benedicto XVI. Y esto se logró más que nada gracias al poder de los medios de comunicación y a la astucia de Ratzinger de dejarse llevar por el calor latino.

Se le dio pan y circo al pueblo para calmar el ferviente reclamo ante tanta violencia. El pan: la figura del papa. El circo: los recorridos del papamóvil, el pontífice sonriendo y abrazando gente, el presidente de una República laica sumiso ante el Jefe de Estado del Vaticano, los candidatos políticos a la presidencia puntuales a misa dominical. Todo esto, su conjunción, calmó a las masas fervientes de una explicación por tanta adversidad y generó, en ellos, una filiación hacia su guía espiritual.

Más allá de los tintes electorales atribuidos a la visita papal [al venir en plena campaña electoral para presidente] o del anhelo -sincero- del Vaticano de brindar un mensaje de paz y esperanza al pueblo el viaje logró que, casi siete años después, por fin el mexicano, el latinoamericano, vinculara e identificara con la palabra papa, pontífice o sucesor de Pedro la imagen del teólogo alemán

Benedicto, hermano, ya eres mexicano fue la porra o el canto más sonado entre los católicos que acudieron a la cita pastoral; recordemos que el calificativo de mexicano era, hasta antes de la visita, exclusivo para el pontífice polaco. Con esta frase se reafirmaron las palabras de Lombardi.

Imagen | The telegraph
Viñeta | El Economista
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