21 de marzo de 2011

 

Ojalá que el patrón o la conducta más bien que busco comentar e incluso criticar sea solo un caso aislado. De antemano está decir que este artículo lo que pretende es hacer una crítica constructiva, de hecho, más que crítica es un grito ahogado de tristeza e impotencia.

Este domingo pasado, veinte de marzo de dos mil once, acudí a la misa dominical al templo al que regularmente asisto semana a semana. Existía en mi una esperanza, un deseo, utópico descubrí, de un momento en particular. Uno de los más bellos.

Regularmente después de la homilía (sermón, pues, para los mortales) se recita la profesión de fe (credo aprobado en Constantinopla en 381) y posteriormente a ello se hace una serie de peticiones en las que el pueblo se une a la voz del celebrante, esto se llama oración universal y es donde precisamente se hace una serie de solicitudes al creador con la ilusión de ser escuchados.

Ordinariamente se pide por el papa, la iglesia local, los sacerdotes, los gobernantes... aquí es donde descansaba mi ilusión, esperaba que por ser un suceso, lo de Japón, precisamente universal se pidiera por ellos confiados en la providencia del dios al que se le reza con fe confiada. Sorprendentemente, o no sé como llamarle, no se pidió por ellos, de hecho ni siquiera fue motivo de mención desde el inicio de la eucaristía (el otro nombre que se le da a la celebración de la misa) ni a lo largo de todo el rito.

Para rematar un grupo de misioneros estaba en el atrio (el patio afuera de la iglesia) vendiendo unas gelatinas y tamales para juntar dinero para el viaje que emprenderán en la semana santa a llevar el Evangelio a remotas poblaciones. Yo me pregunto: ¿no será un poco egoísta pedirles que al menos una parte de lo que junten se vaya con los japoneses?, ¿perderán mucho si en lugar de juntar para misionar buscan recolectar para ayudar? 

Lo peor lo vi en el periódico semanal que edita la Arquidiócesis de Guadalajara en su edición del veinte de marzo de dos mil once. ¿Qué vi? Hay una columna semanal del cardenal Íñiguez donde suele hacer reflexiones acerca de temas específico, a veces de acontecimientos actuales; dicho artículo se centra a la caridad inspirado en la historia de Zaqueo. Una de las cosas que no me pareció fue la siguiente línea, de manera literal: Y, al mencionar la caridad, debo insistirles en que es ésta una manera práctica de ganarse el cielo [...] porque quien comparte con los pobres, Dios Nuestro Señor se lo retribuirá generosamente. ¡! Así que un fiel no está motivado a ganar el cielo ¿no hará caridad? 

¿Dónde quedó una, aunque sea pequeña, mención por Japón? ¿A caso como pastor de una población específica de fieles católicos no puede/debe exhortarles a éstos a elevar una oración a su creador porque es, como él dice, una manera práctica de ganarse el cielo.


Existe la famosa Editorial, donde propiamente el editor o editores de una publicación comparte su opinión acerca de un tema. En este caso sí mencionan a Japón y el como solamente la diócesis Japonesas y aledañas (se incluye a Tailanda) se han movilizado para ayudar. ¿Y las demás diócesis del mundo? ¡Ah! ,y por cierto, esta líneas sí impulsan al fiel a orar y a unirse en solidaridad, cosa que no hizo Sandoval Íñiguez, el cardenal

¿Será acaso porque el 69% del pueblo habitante en dicho país oriental se considera ateo?, ¿será porque el otro treinta y un por ciento no son católicos? O simplemente porque el tsunami y el terremoto sucedió en un lugar demasiado alejado de nosotros los mexicanos. En realidad ¡no sé! y no alcanzo a concebir el hecho pues considero que ellos también son mis hermanos, sino de fe, si de especie.

Esto es mi grito, mi tristeza, mi desilución. Creo que la solidaridad ha estado un poco ausente ante este hecho tan horripilante. Siento que un alto porcentaje considera a su prójimo como el que está lado o soñando un poco, los que pertenecen a su nación, los que son hermanos de la misma tierra o solamente los católicos.

Aunque no todo es tan cruel. Afortunadamente hay un católico que alzó la mano, supongo, esperanzado en servir de ejemplo a toda la cristiandad romana. Joseph Ratzinger, en su calidad de papa, donó cien mil dólares a Japón aparte, claro, de hacer u pedir oración por ellos. Creo que si Ratzinger ha pedido oración y ha donado dinero es coherente, o sería más bien lógico, que todos los obispos hicieran lo mismo con sus filegrises, apoyar económicamente y pedir a sus fieles la unidad en oración. 

Más debajo decidí compartir un vídeo que más que motivar al morbo pretende sensibilizar un poco. Ojalá que tales imágenes (además de las que circulan abundantemente por la Red) logren motivarnos a los creyentes a orar ante nuestro dios, en el que creamos, y sobre todo a buscar la manera de apoyar, quizá no asistiendo al país nipón pero al menos cooperar con un poco de nuestro dinero a la Cruz Roja o donando alimentos a los pocos centros de acopio que se han abierto pues sin duda Haití movió más a los mexicanos que lo sucedido con Japón. Y claro, quien no cree en ninguna deidad unirse en solidaridad.

Cierro con esta frase, muy hermosa de hecho.

Si no amas a tu hermano/prójimo que vez, ¿cómo puedes amar a un dios que no vez?

Si por alguna razón no pueden visualizar el vídeo desde este blog basta con dar un click al enlace directo de alojamiento: http://vimeo.com/20987706  o accesar a el con la imagen que lo refiere.


Visto |iBlog
Imagen | Big Picture  
Vídeo original | Dan Chung [en Vimeo] 

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