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Decisiones.

 

A veces la vida nos presenta señales muy claras y transparentes sobre cuál es nuestro destino en base a las cualidades y virtudes, por lo regularmente limitadas, que vamos descubriendo en nuestro día a día.    


Sabemos, o al menos sentimos en nuestro interior, que estamos hechos para tal o cual profesión, que tenemos una específica vocación, un algo para lo cual fuimos hechos pero en ciertos momentos nos detenemos a pensar si es eso lo que realmente nos conviene o convence y aunque todo nos lleva a ese destino irremediablemente algo nos frena: nosotros mismos.
 

¿Y por qué nos detenemos? Tal vez esa vocación, pensamos, no será lucrativa o concluimos, por lo que sabemos de ella, que existe un algo que no nos termina de convencer; creemos también que puede ser absorbente o incluso simplemente nos da miedo decir que sí a ese llamado. 
 

Siempre me he preguntado si negarse a un llamado interior es algo bueno. Lo malo y lo bueno es algo relativo ya que pende del contexto en el que uno se ve envuelto y en el que se fue educado. Es cierto que las religiones, sobre todo las monoteístas, hablan de una conciencia aunque esto no se debe de aplicar universalmente ya que no todos aceptan tal concepto pero, curiosamente, siempre hay algo en nosotros mismos que nos dice si una decisión es correcta o no, al menos, si va en pro de nuestra felicidad o por el contrario nos conducirá al fracaso o amargura.  

En tal situación el ser humano llega a una paradoja: seguir su corazón, su llamado, su vocación; o ignorarla y buscar otras cosas a las cuales dedicarse o enfocarse. Esa respuesta ante tu interior definirá tu vida. No serás feliz si erras ante tu llamado aunque logres triunfos en tu nuevo camino y a pesar incluso si el camino que decidiste emprender te llena de estabilidad económica, amorosa o material; habrá algo que siempre te recordará el verdadero sentido de tu existencia y tu equivocada opción; sentirás ese impulso a seguir tu interior pero quizá aunque te decidas o no sea demasiado tarde, y es que el tiempo no perdona.  

Muchos que están ante dicha indecisión, planeando declinar o no hacia su destino, tratan desesperadamente de hacer cosas totalmente opuestas a las habilidades o al perfil de su verdadera vocación. Por ejemplo, si la persona siente una inquietud a ser médico tratará de, quizá, interesarse por la mecánica o las letras. Uno pretende siempre nadar contra corriente; no es sano, pero cuando tememos o preferimos ignorar lo que sentimos se cree es lo mejor.

Amable lector, le invito a pensar: ¿en dónde está actualmente [llamease trabajo, estudio, forma de vida]? ¿realmente ese fue siempre su destino o inclinación? ¿le dio miedo seguir otro camino? Si su respuesta es afirmativa a las dos últimas preguntas... ¿puede cambiar de lugar? ¿tendrá el valor suficiente?.
 

Recuerde: su felicidad está en juego. 
 
Imagen | stuartpilbrow 

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En Arabia Saudita ser ateo es como ser terrorista.

Así es, amable lector, loco pero terriblemente así de cierto. 
Con el objetivo de eliminar toda posibilidad de disidencia política, el rey Abdullah de Arabia Saudita proclamó el diecinueve de abril de dos mil catorce una serie de leyes que, en algunas de éstas, deja claro la definición de que los ateos son terroristas.
La propuesta de las leyes inició en enero de dos mil catorce y pese a que Human Rights Watch publicó en marzo de dos mil catorce un informe sobre los abusos de las propuestas de ley éstas procedieron sin problema. 
Éstos decretos crean un marco legal que criminaliza todo pensamiento o expresión disidente catalogándolo como terrorismo; las variaciones de pensamiento incluyen cargos como romper la lealtad con las leyes, difamar la religiosidad -ateísmo, entre otros-, sembrar la discordia además de intentar romper la seguridad interna al convocar manifestaciones. 
De acuerdo al Times de la India las leyes fueron motivadas buscando hacer frente al número de saudíes que viajaron…