11 de enero de 2011

la vida es bella, la vita é bella, roberto benigni


Algunas cosas han cambiado, estos últimos días, en la vida del autor. Lo más importante es que he conseguido empleo -de manera temporal- y con ello mis tiempos y horarios se han visto drásticamente modificados. 

Estoy planeando cómo sobrellevar mis actividades laborales con las escolares y añadirle además un espacio para redactar en el blog y claro leer los sitios que solía consultar cuándo solo centraba mi tiempo a estudiar pero no estoy conforme con dos semanas de semi abandono a mi bitácora por lo cual he optado por compartir uno de mis trabajos más recientes en la Universidad: un análisis al personaje central de la película "La vida es bella". Espero les agrade. 

"Porque el hombre, más allá de la justicia, tiene y tendrá siempre necesidad de amor" [Deus Caritas Est, 29]  

El otro día, en mi nuevo trabajo, me preguntaron sobre cómo me sentía en el; con honestidad respondí que muy feliz pero me refutaron argumentando de que mi andar en el no sería siempre miel sobre hojuelas.

No entré en debate y de hecho la persona que tenía enfrente no lo merecía por lo cual limité mi segundo argumento: la vida sería muy aburrida si siempre fuera color de rosa; de hecho -dije- los momentos amargos o agridulces balancean la existencia ya que estos existen para poder valorar los momentos hermosos que nos regala la vida.

Al oír mis palabras mi compañero optó por cambiar de tema ya que no consiguió el objetivo de disipar mi alegría. Esta experiencia, aunque no se compara, tiene puntos medulares con el filme de "La vida es bella" ya que en ella vemos y aprendemos sobre el cómo sobrellevar nuestras emociones en situaciones adversas. 

Gido, el protagonista, es un personaje peculiar; su manera de actuar es admirable. Cuando llegó a la ciudad proveniente del campo fue evidente su sorpresa y aunque podría haber ingresado tímidamente al ambiente urbano de la Italia prefascista en la que se ve envuelto y con miedo ante un cambio de entorno su ánimo es singular y pese a algunas eventualidades sigue feliz y ocurrente pero para valorar a Gido tenemos que apreciar su actitud en la segunda etapa de la película, en la granja Nazi. 

Bien dicen por ahí que tenemos que vivir y no sobrevivir; creo yo y lo vemos en la cinta, que para poder vivir tenemos que tener un motor de vida, un algo que nos motive e impulse a seguir aquí, un por qué no tirar la toalla

El personaje central lo tiene: su familia; o más importante aún, el amor que éste siente por ella. Ante un cambio radical de vida, como es la deportación que sufre, no cede ya que al tener a su hijo enfrente es necesario que el pilar -que es Gido para su pequeño- permanezca de pie, firme como un roble ya que la misma arquitectura en un plano secular nos puede argumentar que si el cimiento es débil, la construcción más temprano que tarde flaqueará.

A largo de la trama la situación se tiñe poco a poco más difícil pero de igual manera el ánimo e ímpetu del protagonista se adaptan a los diversos conflictos. Una escena que particularmente me capturó fue la traducción simultánea que realiza el bibliotecario judío al llegar el oficial a la cabaña; la intención que tiene Gido es que su hijo crea que todo se trata de un juego cuyo objetivo es ganar un tanque de guerra real, uno de los anhelos más arraigados del pequeño. 

El papá no sabe alemán pero arriesgando su vida opta con interpretar -según él- el reglamento que recita el militar adaptándolo hábilmente al hipotético juego que le fantaseó a su hijo.


Analizando el desarrollo de la película pienso que si hayan llevado únicamente a Gido al campo de concentración su manera de sobrellevar el problema hubiese sido muy diferente ya que sin duda el tener a su hijo y saber que su esposa estaba en la granja femenina potencializó la esperanza y fe de salir -los tres vivos- de tan difícil problema. 


¿Qué valor tiene la vida para el protagonista?  


Es el tesoro más grande según su perspectiva y la manera en  que afronta las situaciones. Explico; si el don de vivir fuese para Gido un algo sin sentido hubiese desde un inicio planteado la realidad a su hijo pero impulsado por el deseo de vivir y de trascender por medio del pequeño es que opta por fantasear conservando la fe en que todo se solucionará con la esperanza de salir libres. Estas dos virtudes -que curiosamente forman parte de las llamadas teologales- son firmemente reposadas en el amor del padre y esposo por su familia y el vinculo tan firme fruto de tal sentimiento.


La vida además es para el protagonista un juego, pero no en el sentido vulgar o popular de la palabra sino que el adjetivo se aplica al carácter con el que enfrenta todas las adversidades con las que se topa. Bien sea el problema con el del sombrero (el funcionario gubernamental presentado al inicio del film) o el cansancio que siente al ser esclavo; para ambas situaciones su manera de ser no cambia. Mantiene coherentemente su actitud en cualquier escenario.


Como aspirante a cienciólogo religioso también rescato una situación particular. Gido es judío pero al parecer es solo de etnia ya que a lo largo del desarrollo de la película nunca vemos algún momento en donde él o su hijo e incluso su tío eleven una oración a YHWH. Esto es importante señalar porque se puede deber a varios asuntos o más bien nos puede conducir a una hipótesis singular: o está resentido con su dios o simplemente es un apático religioso que desgraciadamente -para él- tiene sangre hebrea.


Cual sea que pudiese ser la realidad imaginada por el autor del guión concluimos que no es importante tener una religión para saber vivir la vida. Gido se impulsa por el amor, por el intenso sentimiento que experimenta hacia su hijo y esposa, por el deseo de que su pequeño no padezca algún trauma, por el celo -bien canalizado- de permanecer siempre a un lado de su amada.


Su fe está sujetada a la esperanza de salir libres del cautiverio, y esa salida tiene que ser de los tres, juntos, pues cuando tiene la oportunidad de salir huyendo solo con su hijo -casi al final de la película- no lo hace, busca a su esposa para que así los tres, como familia, se alejen.


La vida, a manera de conclusion, es un don. Llámese divino si se es creyente, o del destino, azar o la naturaleza si no se cree en alguna fuerza Suprema pero sin duda es un regalo ya que nadie pedimos existir y el estar aquí pudiese ser como consecuencia una experiencia castigadora pero ya estamos, ya existimos y tenemos, como se dice vulgarmente dos sopas: o aceptar este destino y ver la vida como una oportunidad de vivir y disfrutar o nos amargamos y contemplamos nuestra existencia como un castigo y cada experiencia que vivimos por ende serán conflictivas o dolorosas.


Esa manera de afrontar la gracia de estar en este pequeño y diminuto punto azul es lo que marcará y deliniará la manera la cual afrontemos cada situación; por más amargas o dolorosas que pudiesen parecer nuestras experiencias de vida tenemos la oportunidad, nosotros, de cómo vivirlas.


El ser humano, por ende, decide si la vida es bella o no; el adjetivo no lo da lo que vivimos sino el cómo vivimos nuestras vidas.




Imagen | Calystee 

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