Errores.

errores

¿Me persiguen o los acoso? Sinceramente no lo sé pero soy una de esas personas que suele meter la pata constantemente, y es más, soy de aquellos que se compromete consigo mismo a enmendarse y a no volver a fallar… pero caigo, no seguido pero sí frecuentemente.

Dicen que es de sabios equivocarse (y levantarse) y más aún, otro dicho reza por ahí que es de hombres reconocer sus fallas pero ¿qué hacer cuando por esas equivocaciones lastimas, desilusionas, dañas tu imagen? Aquella percepción tan superficial que tiene el mundo de ti y que, desde niños, estamos llamados a cuidar.

En muchas ocasiones esos desaciertos traen consecuencias tanto a ti como a las personas que te rodean o simplemente generan desconfianza y pierdes la credibilidad con tus semejantes.

Las personas más cercanas son los que siempre esperan más de ti y más aún son los primeros en tacharte o reprochar tus malos actos siendo que muchas veces tú, por ti mismo, ya te sientes lo suficientemente mal como para seguir escuchando: –la regaste, te equivocaste ¡o un sin fin de cosas más! Aunque hay que reconocerlo, lo hacen porque te quieren y desean que mejores.

Cuando te enfrentas ante la maraña de complicaciones que genera tu conducta, en lo personal, no sabes qué hacer; los caminos parecen estrechos y las escapatorias se limitan a un no saber a dónde ir. 

Es complicado encontrar la fórmula idónea para no equivocarse, es verdad, más de alguno puede apelar que como seres humanos somos imperfectos y nos equivocamos pero, ¿acaso el mundo real te permite equivocarte? No; el que se equivoca pierde y se queda atrás, es más, muchas veces un error puede afectar y cambiar tu vida, el mundo que te rodea o las oportunidades que algún día se te puedan presentar. Todo eso lo cambia un error y el contexto en el que vives no admite un lo siento o una segunda oportunidad.

Puedo imaginar, amable lector, que a estas alturas de la lectura quizá te preguntes qué errores entran en esta categoría de consecuencias; respondo, sin temor a equivocarme que todos, o al menos una gran parte de ellos.

Si fallas en tu trabajo, te despiden; si rechazas una oportunidad puede que ésa sea la última oferta que recibas; cuando la histeria te domina y te dejas llevar por los sentimientos y no por la razón tu imagen puede perder mucho de lo que has forjado a lo largo de los años… y así puedo seguir enumerando una y mil cosas que tienen como consecuencia algo similar: afectar tu vida; y por ende causan algo particularmente curioso en ti: desilusión, de la vida, de las personas o de aquél lugar en donde pusiste tus esperanzas y ante un no puedo o una falla pierdes todo vínculo con ellos. Cruel realidad.

Es en estos momentos en donde necesitas apoyo y tal vez un abrazo paternal pero sin recibir un sermón anexo. Ante estas situaciones dicen los ateos que el hombre ha creado –o imaginado– un ser consolador, amoroso y misericordioso, a ése ser le llaman el dios de las lagunas que suple o contrarresta la señalización a la que la persona se enfrenta ante una situación adversa. No estoy diciendo que apoyo la postura pero no podemos negar que ante la desilusión, desesperanza y confusión el ser humano busca un consuelo y sino lo encuentra con sus semejantes mira al cielo.

La naturaleza humana lo pide, lo añora; el humano es una especie que pregunta y espera respuestas. En una situación en donde se cometió un error la persona buscará una contestación que justifique o al menos explique su falta.

Y ¿qué hacer ante un error? Quizá por las líneas que acabas de leer puedes decir, y con justa razón, que soy el menos indicado para responder este cuestionamiento pero verteré un poco mi opinión. 

Primero, tranquilizarse pese a que quizá el ímpetu haya ocasionado el desastre. Después, repetir la escena en tu cabeza: una, dos, mil veces si es necesario tratando de encontrar el detonante. Tercero, pensar fríamente en lo que se hizo, analizar las posibles consecuencias a corto, mediano y largo plazo, recapacitar. Por último, aunque suene a pasos para una buena confesión, un sincero propósito de enmienda; sí, quizá éste no baste pero la voluntad cuenta mucho, al menos es el primer gran paso.

No creo que nadie esté exento de, al menos una vez, cometer un error, y mucho menos creo que otro tanto se salve de haber hecho un oso frente a pocas o muchas personas. Lo importante es que la evolución nos ha dado la capacidad del razonamiento y la voluntad de ser mejores, eso es un trabajo que se hace día a día, y yo diría, minuto a minuto.

Como consuelo: de algunos errores han venido los mejores descubrimientos o inventos de la humanidad. Así que ante un error, sonriamos, levantemos la cara, limpiemos nuestra falla (si es necesario pidamos perdón) y sigamos adelante por la vida.



Imagen | Alex E. Proimos

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