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Y al Principio todo era bueno.

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Les presento ahora un trabajo de animación de la londinense Mareike Ottrand (con música del alemán Daniel Brender). Mareike es licenciada en letras y estudiante de diseño gráfico y presentó hace poco un video en el que nos ilustra la Creación –sí, ésa que leemos en los primeros capítulos del Génesis– pero como si ésta fuese un videojuego y cada día un nivel superado por Dios. ¿Qué tiene de interesante? Además de la originalidad y de la buena animación lograda algo que me encantó y de hecho dio origen a este artículo de reflexión es su final.

Acompáñeme a verlo amable lector para después meditar sobre el final del mismo y en sí sobre todo el contenido del vídeo. Podremos, le aseguro, sacar interesantes conclusiones.



Antes de analizar el cortometraje sería bueno explicar una cosa que quizá más de alguno de ustedes, apreciables lectores no creyentes u agnósticos, pueden decir. Si bien es cierto que en los dos primeros capítulos de la Biblia encontramos el relato de la Creación en siete días esto no quiere que así fuese como se creó el universo. ¡Hereje! podrá gritarme alguno pero no, no lo soy –o al menos no intencionalmente–, les invito a leer más para comprender mi frase en gris.

Recordemos, o aprendamos si no saben, que la Biblia es un libro religioso, de fe y redactado por personas de otra cultura y sobre todo, que vivieron hace muchísimos años. Estos relatos –los de la Biblia– lo que intentan decirnos es que Dios –el dios hebreo- creó e hizo todo lo que existe, que es Él el origen del cosmos mismo.

La ciencia lo ha corroborado con el famoso Big Bang. Y es que el creyente moderno ve en la fuerza que ocasionó dicha explosión la mano de Dios. Si, no reprobamos a la ciencia con sus posturas simplemente utilizamos la lógica elemental: toda reacción ocupa una causa ¿no? Pues la Big Bang es la reacción y Dios la causa pero este artículo no quiere ocuparse de estas cosas para algunos complejas para otras obvias y para otros tantos motivo de discusión sino del mensaje del vídeo. Lo que dije en líneas anteriores fue sólo aclarar la postura del creyente moderno no fanático, o al menos, mi pensar sobre el Origen de todo.

Los primeros noventas segundos de animación son bastantes afines con la narración Bíblica, en el minuto con treinta segundos empieza la aparición de Adán y Eva… ¿todo normal hasta ahí no? Buenos efectos e ideas pero la cosa no acaba con eso. Comenzamos a ver en una secuencia bastante rápida de doce segundos el caos en el que se convierte el planeta tierra y concluyen esos segundos con una imagen algo drástica de Dios:

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¿El Creador se arrepiente de su Creación? Y es que como dice el título de esta entrada al principio todo era bueno. ¿Qué pasó entonces? El ser humano se encargó de destruir y hacer crecer el mal en el planeta. 

Los ateos de aquí se toman para justificar la no existencia de Dios diciendo que si a Dios se le atribuye el título de Bueno es ilógico pensar que Éste entonces creará cosas malas. Pero esto no es así. El ser humano es bueno por naturaleza sino no fuéramos solidarios, por ejemplo, pero siempre nos es más cómodo destruir que construir. Y no sólo el libre albedrío, rechazado por no creyentes, es lo que hace que Dios no intervenga. El planeta fue entregado a los hombres y por ende es entonces su responsabilidad. Si bien en un inicio hubo un fin –y lo sigue habiendo– de fraternidad y paz depende de los hombres que vivimos en este mundo lograr dicho objetivo.

Para la animadora resultó sencillo y cómodo pensar que Dios destruye y hecha todo a la borda [o al caño] ante el evidente fracaso de su Creación pero Dios –al menos lo que entendemos de Él– no es así. No interviene porque le deja al ser humano ser responsable de sus actos. Como veíamos en líneas anteriores: es lógica elemental. ¿Cómo aprendemos sino es por nuestras caídas? Así pues ante las acciones que comete día con día el hombre le viene reacciones que Dios omite intervenir por respetar, primero, la libertad otorgada a hombre y segundo, e igualmente importante, porque deja que la humanidad sea responsable de sus propias acciones. Muchos podrán decir ¿por qué pagan justos por pecadores?, la respuesta cruda pero sencilla: todos somos la misma raza, entonces todos somos responsables. 

Ahora explico la imagen del artículo: un niño judío y una una niña musulmana. Creen en el mismo dios [lo llaman con distinto nombre] pero sus países están en guerra por un puñado de tierra. Lo peor aún es que según sus creencias dicho pedazo de tierra es aquél donde su dios quiso manifestarse. Irónico, ¿no? El lugar llamado Tierra Santa por ser el origen geográfico de las tres religiones monoteístas más grandes es también un auténtico campo de guerra.


Quise ilustrar con esta imagen el título del post porque al principio, hace miles de años cuando se manifestó Dios en Israel-Palestina, dicha tierra estaba destina a ser buena y santa pero el ser humano con su envidia ha hecho que ahora esté como está.


Lo mismo pasa con el planeta. El fin es ser una casa para todos los hombres pero hay ciertos seres humanos que la quieren sólo para ellos mismos. Está entonces en nosotros abogar porque la paz llegue a todos, como es el fin original del planeta, y esto no tiene que depender de si yo soy cristiano y tú ateo o musulmán sino del amor que nos podemos profesar como miembros de la misma especie. 

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