12 de septiembre de 2017


Hoy más que nunca esta frase nos debe definir. Para quién no lo sepa, las cinco palabras que dan título a este correo conforman la primera línea del himno nacional mexicano y con ellas se evoca(ba) a un hipotético levantamiento de armas frente a algún ataque enemigo. 

En esta ocasión el enemigo no es una nación extranjera, y tampoco pudiéramos definirlo (como enemigo) tajantemente, sino el país se enfrenta ante un suceso natural que ha impactado la vida de toda la nación: la mía,México

La noche del pasado siete de septiembre (2017) se registró un sismo de 8.2 grados de magnitud en la escala de Richter en el Estado de Chiapas, México llegándose a sentir en prácticamente la mitad del país (del centro hacia el sur). 

Al momento de escribir estas líneas (sábado 09 de septiembre, 2017la suma de fallecidos asciende el terrible número de 65 muertos. El país, o parte de el, está colapsado pero no todo está perdido. 

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, debajo la secuencia que dio origen a la imagen que encabeza éste artículo (que se volvió viral el viernes 08 de septiembre, 2017) por, afortunadamente, todo lo que se puede leer entre líneas.






¿Te deja congelado? 

Ante la desgracia de ver todo destruido (materialmente) y tal vez incluso haber perdido a alguien (no se sabe mucho de quién izó la bandera) vemos cómo el ánimo por salir adelante, el amor a la Patria y, sobretodo, el coraje para no darse por vencidos prevalece. 

Si a lo anterior le sumamos que estamos en el "mes de la Patria"  (el 16 se conmemora el Inicio de la Independencia, el 13 la Defensa Heroica del Castillo de Chapultepec, el 21 la Consumación -once años después- de la Independencia) el mote es aún más sentimental y estremecedor. 

La bandera en pie, ante la desgracia, es un llamado a la unidad, a esa unidad que debiéramos de tener todos no solo por el "simple" hecho de ser mexicanos sino porque todos somos uno, conformamos la especie humana y las desventuras -aunque también lo bueno- debería de unirnos y no siempre buscar aquello que nos separa. Las similitudes entre unos y otros siempre serán más que las pequeñas cosas que nos hacen "diferentes". 

Discursos hay muchos. Siempre se evoca a la unidad nacional, a que todos los ciudadanos podemos "Mover a México" (eslogan publicitario de la Presidencia de la República) pero la imagen demuestra algo aún más profundo: la Nación viene, nace y se levanta desde y por los ciudadanos

Aunque también hay algo interesante. 

En las mismas Redes Sociales el hashtag #PrayforMexico (no entiendo por qué es en inglés, ¿para sonar más nice? pero bueno, la "intención" cuenta dirían otros), se hizo tendencia y muchos lo usaron, desde el ciudadano común hasta artistas de renombre, aunque se nos olvida algo. 

¿Qué?

Por muy fuerte que pudiese sonar, me disculpo anticipadamente apreciado lector, el rezar no servirá de nada. Ni el llenar tu Twitter o Facebook conretuis de frases motivadoras, imágenes alusivas o un orgulloso#EstoyConMéxico con su respectivo moño negro.

Con un "Mis oraciones para todas las familias afectadas por el temblor en mi país" (de Carlos Rivera, cantante), "Estoy orando por mi gente de México" (deBecky G., cantante), "Ahora es cuando debemos mostrar que llevamos a México tatuado en el alma. De esta también nos vamos a reponer" (deAlejandro Fernández, cantante), "Me pone muy triste ver los destrozos en las ciudades de Chiapas y Oaxaca. Estemos todos unidos por México" (de Paola Longoria, medallista olímpica mexicana) ó un "Concerned for my friends in Mexico after the earthquake and all in the path of Hurricane Irma. My family and I pray for you" (de Malala, activista) no solucionamos ni ayudamos en nada. 

Lo importante es actuar, ya sea de voluntario o, al menos, donando (ya sea efectivo o insumos). Es eso, el trabajo en "equipo", lo que nos sacará adelante y demostrará que así como la bandera ondea en un panorama poco ortodoxo nosotros (todos) como miembros de dicha nación podemos sacar adelante cualquier eventualidad "al grito de guerra", de una guerra por levantarnos como sociedad y seguir frente a cualquier adversidad. 

Excelente fue la idea de Chumel Torres, youtuber mexicano, de hacer "promoción" a la página web de donaciones de la Cruz Roja (para apoyar en el desastre) aunque la idea de subir la foto de que donaste (a "cambio de un retuit de él) no me parece de buen gusto; en lo segundo soy más de la idea de "lo que hace tu mano derecho que no sepa la izquierda" (Mt 6,3) aunque pese a que así se haga (el difundirlo públicamente), es mejor ese tipo de publicaciones que solo un "#PrayforMexico

No quiero decir que rezar no sirve de nada (cada quién sus creencias y motivaciones) pero "obras son amores y no falsas razones", es decir, "ora et labora. 




Imágenes | @jrisco


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10 de septiembre de 2017


Cuando admiro o experimento algún fenómeno natural "fuera" de lo ordinario (una lluvia con rayos intensos, un temblor, un huracán, granizo, la fumarola de un volcán) me gusta, quizá por la inclinación que tengo a admirar e investigar las religiones universales, jugar con mi mente a lo que nuestros ancestros, sin conocimientos "científicos" sentían, comprendían e interpretaban de tales sucesos. 

Para nosotros es normal consultar todas las mañanas, ya sea en la T.V. o en una App específica, el clima del día. Sabemos con antelación si un huracán tocará tierra o no, e incluso logramos predecir, con magistral exactitud, cuándo es que la Luna estará en cuarto creciente o tendremos Luna llena... lo mismo pasa en hechos no tan cotidianos como un Eclipse, ya sea parcial o total.

Este veintiuno de agosto [dos mil diecisiete] la humanidad vivió el primerEclipse lunar total visible a lo largo de ambas costas (o cuarenta estados) de los Estados Unidos en cien años. Dicho evento natural fue, a su vez, el suceso astronómico más visto de la humanidad... e increíblemente una sociedad que tiene en su bolsillo un computador más potente que el enviado a la Luna en 1969, se sigue quedando atónita frente al "poder" incontrolable de los astros.

Ante dicho "poder", las civilizaciones que nos han precedido, lograron ingeniarse diferentes relatos que explicaban lo inexplicable. Por ejemplo...

Rahu, decían en la India, trató de robarse el néctar de inmortalidad de los dioses pero cuando el demonio lo bebía, Vishnu le lanzó un disco para cercenarle el cuello.

Como el néctar estaba en la boca de Rahu, ésta se mantuvo mientras que el resto del cuerpo desapareció. La cabeza del demonio, inmortal, persigue al Sol y la Luna por los cielos (ellos lo acusaron ante Vishnu) y, cuando los alcanza, les da un mordisco... pero al no tener cuerpo, los astros celestes vuelven a aparecer.


Por su parte, los nórdicos aseguraban que un lobo mordía al Sol (por dar la ilusión de ser una "galleta" siendo devorada) pero que, al estar muy caliente, era escupido por la bestia. El animal ha cambiado de especie en la medida que fue reinterpretado por diversas civilizaciones: desde ser un perro, un dragón, un pájaro o una serpiente.

Tales explicaciones, ante tan aterradores eventos en la antigüedad, tienen su lógica en un mundo con conocimientos carentes de ciencia. Podemos decir, como cita la Agencia Espacial Europea, que la predicción contemporánea de los eclipses es una celebración de la racionalidad.
¿Por qué?

Porque se desmitologiza algo causante de tan variadas, y ahora incluso vistas como irracionales, explicaciones. Aunque no por ello pierden su valor y relevancia ya que más que "ciencia" o incluso historia, es cultura.

Una cultura que nos permite ver, como humanidad, el largo y complejo proceso que es evolucionar el pensamiento. Se supone, en teoría, que aquello que se predice o se explica con "lógica" deja de ser temido y de causar sorpresa pero, increíblemente, #Eclipse2017 fue Trending Tropic global.

Es algo curioso e inexplicable ya que, como cito arriba, en teoría el evento astronómico debería de ser algo que ya no causara impacto... o al menos no un impacto al nivel de noticia mundial.

¿Cómo lo podemos explicar?

Mi teoría es que, pese a ser un evento que conocemos y comprendemos, al estar fuera de nuestro alcance -léase control- sigue siendo causa de admiración, sorpresa, mitos e incluso miedo.

El hombre, al dejarse impresionar y voltear a ver  al cielo ante un hecho que sabe que va a suceder pero en el cuál no puede interferir, reconoce, sin decirlo abiertamente, la increíble pequeñez que formamos como especie ante un basto, incomprensible e inalcanzable Universo al cual, pese a nuestro ego, nunca podremos controlar o dominar.
 




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22 de agosto de 2017


La mente humana es maravillosa. Una de sus más privilegiadas cualidades es que todos tenemos la capacidad de pensar de maneras tan diversas y diferentes como cuerpos celestes existen en el Universo.
Pero al mismo tiempo ése es un problema. Lo ha sido antes y lo sigue siendo ahora.

Pensar o creer en cosas distintas a la mayoría no siempre es visto de buena forma. Antes existía la inquisición, por ejemplo, y aunque ahora, al menos en occidente, las consecuencias por ello no son tan drásticas no siempre podemos ser o expresar lo que verdaderamente creemos, somos o sentimos por el miedo a ser visto de manera despectiva, ser excluidos o juzgados a rajatabla por una sociedad que, con el uso de memes y herramientas similares, se siente con el derecho y obligación mediante caracteres reflejados en una pantalla a emitir veredictos.

¿Y qué pasa cuando a sabiendas de esto te atreves a serlo? Cuando el miedo por expresar una idea es vencido por ese anhelo a ser auténtico, a no filtrar tus ideologías y apostar por desnudarte frente a la sociedad, quedando expuesto a todo en lo que ella quiera opinar.
Debes de cargarte de una sólida armadura mental que sea inmune ante los ataques que te van, sí o sí, a llover. Decidir abrirse y exponerse tal cuál eres tiene esa dichosa -léase con sarcasmo- consecuencia.
Es que no es algo opcional, solemos como humanidad a siempre ver lo que está mal en aquello que vemos o leemos. Nos es difícil emitir juicios positivo ya que preferimos fijarnos en lo feo o imperfecto de algo antes que en los méritos o cualidades.
Y no es fácil tener esa armadura. Es un proceso que se va puliendo y perfeccionando en la medida que dichas opiniones negativas te llegan. Dependiendo quién o quiénes sean los que opinan es, también, el nivel de afectación que te genera. No es lo mismo que un troll se mofe de ti a que un amigo de toda la vida te critique.
Aunque a su vez eso no está mal.
Como dije al inicio, lo maravilloso de la mente humana es su diversidad de pensamiento. Sería muy aburrido que todos pensáramos igual o que todos coincidiéramos en lo mismo; claro, hay mayorías que piensan o creen de forma similar pero, incluso entre ellos, existen matices y maneras de entender lo mismo de manera, irónicamente, totalmente opuestas.
Lo complejo y delicado es la manera en cómo convivimos con las diferencias.
Una cosa es que tú no pienses o creas en lo que yo, y otra muy distinta es que me agredas por ello o que pienses que por el mero hecho de ser opuesto a tu filosofía de tu vida yo erro.
Lo importante es centrarse siempre en las ideas y no tomarlo personal; evidentemente hablo en planos y concepciones lícitas pero el punto ahí está aunque una cosa es la idea en la que piensa la persona y otra, totalmente distinta, es la persona que piensa en dicha idea, quién nunca, por más exótica o ilegal de sus opiniones, puede y debe ser agredida.
Así como opinar y expresar mis ideas o formas de ver la vida va a ser susceptible a críticas y debate (que yo debo saber/aprender cómo manejarel respeto debe permear cada juicio que se emita contra o a favor de ellas.

Debemos apostar por una sociedad más auténtica, menos matizada y reprimida por el miedo no solo a ser exhibidos sino a lo que ésto conlleva en un mundo víctima y victimario de tan múltiples prejuicios… y eso, una sociedad “real” -entendiéndose como un punto utópico en dónde cada quién es cómo es porque no es juzgado por serlo- se logrará cuando y en la medida en que la tolerancia sea el adjetivo que conjugue cada dictamen negativo o positivo se emita ante una idea u opinión.  



Imagen | Pixabay


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16 de agosto de 2017


Tenía ganas de hablar sobre Neymar Jr., pero no de la manera en que los medios durante lo que va de agosto [de dos mil diecisiete] lo han analizado. El brasileño ha sido tema de múltiples opiniones desde -y antes- del tres de agosto, cuando se hizo oficial su traspaso del Barcelona F.C. al París Saint Germain por una cifra más allá que extraorbitante: 262 millones de dólares

Y no, aunque me gusta el fútbol, prefiero no hablar del tema en el blog porque suele ser un asunto ambivalente... aunque eso no lo exime, al mismo tiempo, de ser abordado desde la perspectiva típica de este espacio: la crítica y análisis social. 

La mayoría debemos de trabajar, bien sea en lo que siempre quisimos ser o en lo que la vida se ha encargado de presentarnos y acomodarnos pero, independientemente de cualquiera que sea el caso, una cosa es cierta: el dinero, de una u otra forma, es lo que nos mueve

Buscamos trabajar en dónde nos paguen mejor. Y si estamos ya dentro de una empresa el ansia de ascender de puesto es, principalmente, porque necesitamos ganar más. El dinero, les guste o no a los más puristas del tema felicidad, no deja de ser un elemento que hace "más bien" tenerlo que necesitarlo. 

Pero luego hay personas que escapan de la más extravagante imaginación con salarios anuales que muy pocos del común de los mortales aspiran [mos] si quiera a sumarlos como ingresos totales de toda una vida laborada. 


Neymar Jr. es uno de esos pocos. Y tanto medios deportivos como la sociedad en general vio en el cambio de equipo del ariete brasileño al dinero como parte de la ecuación que motivó dicha migración.

Pero hay un pero... o al menos se puede ver a algo más que dinero dentro de los elementos que hicieron que el astro sudamericano eligiera París como su nueva casa. 

En el medio de Silicon Valey se da mucho el intercambio de ejecutivos de alto nivel entre las empresas poderosas del mundo de la informática. Un día puedes trabajar para Apple (por un salario tipo Neymar) y seis meses más tarde cambiar a Amazon, para dentro de un año iniciar una startup

¿El motivo? 

Precisamente es eso, tener un motivo más allá del salario para hacerlo. Las personas que logran tener ingresos anuales que llegan a los miles buscan trabajar en lo que les impulsa a ser mejores, en aquello que los impulsa a superarse día con día y con lo que se sienten identificado. 

¿Qué quiero decir? Que ellos, como la ex figura del Barcelona, siguen sus sueños, se ponen retos... porque pueden darse el lujo de ello. 

La mayoría de las personas, trabajemos o no en lo que nos gusta, intentamos superarnos día con día porque realmente queremos esos pocos cientos de pesos [dólares] más en nuestro bolsillo; pero aquellos a los que literalmente les sobra el dinero muchas veces toman decisiones no por lo que vayan a ganar sino por lo que el cambio en sí representa y significa para ellos. 

Messi opacaba al brasileño. Neymar no sería nunca la figura central del Barça... y eso es lo que el jugador necesitaba encontrar. Un sitio, un equipo en donde todo girara en torno a él. 

Y lo consiguió. 

Más allá de que su traspaso se convirtió en algo histórico para el fútbol mundial, Neymar Jr. quería algo más que dinero: protagonismo aunado a que el dinero es el efecto colateral de su decisión. 



Imágenes | Goal

* las imágenes son utilizadas solo con fines ilustrativos; pertenecen a sus respectivos titulares del copyrigth. 

15 de agosto de 2017



Christopher Nolan está de moda. El director y guionista se ha puesto en boca de todos por la extraordinaria forma de presentar al ser humano en casos tan extremos como la necesidad de sobrevivir, plasmados en los ciento siete minutos que dura Dunkerque, la, sin duda, candidata a película del año.
Pero aunque en el filme habla de esperanza y sueños, esta reflexión no quiere ni pretende abordar el tema. Quizá, en próximas ediciones de Hebdomadaria Reflexionem hable sobre ella, pero ahora toca reflexionar sobre una conferencia de Nolan del dos mil quince en Princeton, E.U.

“Todo mundo te dice que sigas tus sueños, pero yo no lo creo. La vida es más que eso”.

La frase puede sonar polémica para los más puristas. Tenemos, como siempre, que ir más allá, mi querido lector.

Démosle un poco de contexto.

En la charla del también productor habla sobre cómo el final de Inception deja abierta la posibilidad, en el espectador, la duda sobre si los protagonistas vivían en la realidad o en una ilusión creando, con ello, la “necesidad” de saber si todo lo narrado se trataba de algo real o de un sueño porque la realidad -aunque sea un filme, y por tanto una ficciónimporta.

Y ése es el problema.

Aunque es maravilloso soñar, y nos encantaría vivir en ellos -continuó Christopherlos sueños no dejan de ser un conjunto de abstracciones, disfrutables sí, pero que no dejan de desprenderse de una realidad que queremos mágicamente fuese otra.

Dentro de su charla sostuvo que su generación -y aquí creo es algo que sigue siendo totalmente aplicable hoy en día- se dedicó a perseguir sus sueños pero se desligaron de la realidad. Como consecuencia, el mundo está -y sigue estando- con terribles consecuencias (calentamiento, guerras, desigualdades, etc.).
Christopher Nolan cerró con algo alucinante:
“Si pudiera plantar algo en su cabeza, sería: no solo luchen por sus sueños sino también luchen por cambiar realidades”.

Ése es el mensaje que quiso dar en su charla y sin duda sus palabras aunque fuertes y controversiales, tienen mucho de verdad. Y es que pese a que hoy es más común que antes el famoso sigue tus sueños, muchas veces por lo hermoso que es vernos sumergidos en ellos olvidamos que, aunque duela, éstos no dejan de ser una ilusión, una idea utópica de lo que quisiéramos que fuera.

No. No intento sonar pesimista aunque así lo parece. Lo que intento decir, como Nolan, es que aunque luchar por tus sueños personales parecería a prioriuna buena empresa (es mi felicidad, es mi mundo ideal) no debemos de olvidar que somos parte de un todo y por ello buscar y luchar con ímpetu modificar -también- la realidad, que es agridulce y dolorosa e implica a toda la humanidad, y no solo alterar la propia.



Imagen | Pixabay 


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9 de agosto de 2017


Estos últimos días México por medio de la Secretaría de Turismo a gritado a los cuatro vientos que el país se convirtió, según la Organización Mundial de Turismo, en el octavo país más visitado del mundo al haber recibido a treinta y cinco millones de visitantes durante dos mil dieciséis.

La UNWTO, por sus siglas en inglés, recalca el hecho de que México escaló, en un año, una posición, colocándose a su vez en la segunda opción turística del continente americano solo detrás de los Estados Unidos.

Eso es bueno. Claro. El país tiene una inyección de dinero importante y, además, -léase con un poco de vanidad-, se siente bien que tu país sea elegido sobre opciones como Grecia (14)  o Tailandia (9). Claro está que la Sectur -Secretaría de Turismo, en México- no dice toda la verdad: aunque Japón, por ejemplo, no encabeza el top ten de países más visitados, sí lo está en ingresos por turismo… mientras México ocupa la no tan decorosa catorceava posición.

Y esto ¿qué puede generar de reflexión?

Que aunque se cacarea que México es el octavo país más visitado cuando uno, como local, visita alguno de los destinos turísticos más destacados del país el mexicano, como tal, es visto como un turista de segunda clase versus el extranjero y más si se trata de un norteamericano con dólares.

Es feo decirlo y reconocerlo, pero terriblemente es la verdad. 

Estás hospedado en un hotel cinco estrellas, por ejemplo, y tienes tu pulsera de color chillón que te identifica como a la mayoría de los huéspedes de que pagaste un paquete todo incluido, llegas a la barra y esperas ser atendido… cinco minutos después, sin que todavía te hayan atendido, llega a tu lado un güerito que habla inglés, y como acto reflejo, el barman corre a atenderlo dejándote a ti esperando… ¿porque tus pesos valen menos?

Si el mismo individuo suelta un chiste bobo o le da por hacerse el simpático, el trabajador mexicano se ve forzado ¿? a seguirle el juego y a reírse… se presta a lo que el turista extranjero diga y mande. Pero con un connacional la cosa es totalmente diferente.

Las playas, los hoteles, las ciudades están planeadas para que las disfrute el extranjero… y no, no quiero sonar nacionalista extremo pero ¿en dónde queda el ciudadano que, en teoría, es “dueño” de su país y tiene el derecho de gozarlo a sus anchas?

Uno, como mexicano, tiene que adaptarse a lo que las diversas secretarías y organizaciones de turismo proyectan para el turista extranjero. Y, sin seguir intentar sonando ácido o políticamente incorrecto, hay un dicho que reza así:

“A tierra que fueres, haz lo que vieres” ¿Qué quiere decir?

Que el visitante, incluso un ciudadano de a pie que visita otro estado (comunidad, ciudad) diferente al suyo, debe de adaptarse a la cultura, normas y usos y costumbres del lugar… no vas a imponer, sino, a disfrutar lo que otros por “origen” y derecho tienen y te comparten.

Sí, está bien celebrar que en el extranjero reconocen -y por ende visitan- lo hermoso que es México y todo su patrimonio natural y cultural pero creo que este octavo lugar mundial debe de servir, al mismo tiempo, para hacernos reflexionar sobre cómo nos tratamos entre nosotros mismos cuando alguien visita tu comunidad, cuando le toca a tu ciudad alojar a un visitante.

¿Todo turista es para ti igual o vale más dependiendo del lugar de dónde viene?

 



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3 de agosto de 2017


No se me da la política, y menos me gusta hablar de ella, pero en el mundo que vivimos de una u otra forma estamos inmersos en ella; ya lo decía Aristóteles: “somos seres políticos por naturaleza”; entendiéndolo en el sentido de que el hombre necesita asociarse para sobrevivir.

México, mi país, es un ente algo complicado; quizá otras naciones también tengan matices caleidoscópicos igual de diversos pero como ciudadano mexicano puedo -y debo- de hablar primero de lo que tengo la oportunidad de palpar antes de cuestionar e indagar sobre el mundo y sus “locas decisiones”.

El Gobierno Federal encabezado por Enrique Peña Nieto pese a estar casi en su ocaso (el siguiente año termina su mandato, sin oportunidad constitucional de reelección) ha sido más oscuro que claro, y dos mil diecisiete, cómo sus previos cuatro años, no ha sido un “buen año”.

La sociedad vive en medio de crisis, como la del ex gobernador Javier Duarte, durante meses prófugo, con tres órdenes de aprensión a su espalda por: delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita; abuso de autoridad, incumplimiento del deber legal, peculado, tráfico de influencias y coalición... una fichita, sin duda, del que apenas empezó su largo proceso judicial.

Por otra parte hace tan solo unas semanas, a inicios de julio (el doce, para ser exactos) del 2017, dos personas murieron asfixiadas tras caer a un socavón que se abrió en la autopista “Paso Exprés de Cuernavaca”, en el estado de Morelos, recién inaugurado el cinco de abril (del presente) por el presidente Peña Nieto, es decir, hace tres meses. 

Sumado a lo anterior, según La Encuesta Nacional de Seguridad Pública trimestral, el 74.2 % de los mexicanos considera que vivir en la ciudad es inseguro.

Como si eso no fuera suficiente, en junio, el diecinueve, el New York Timesdenunció que el Gobierno mexicano espía, con dinero del erario público, a sus ciudadanos: activistas, defensores de Derechos Humanos y a periodistas, mediante el uso de un malware para dispositivos móviles adquirido a NSO Group, compañía que vende Pegasus (el software) exclusivamente a gobiernos bajo la consigna de que este sea usado para combatir a terroristas o grupos criminales y carteles de drogas... cosa que no sucedió.

Usted dirá, amable lector, que con tantas cosas desagradables para la población mexicana, los ciudadanos se la viven cuestionando fuertemente a su Gobierno, que la tinta en los diarios corre para criticar la forma en que el Ejecutivo ha llevado a cabo sus funciones, que la televisión mexicana polemiza para buscar una solución a los múltiples problemas de la nación. 

Pero no.

Lo que enoja y molesta a los mexicanos es la forma en cómo la Selección Mexicana de Fútbol fue eliminada de la Copa Confederaciones y de la Copa de Oro. En que el entrenador, Juan Carlos Osorio, parece no definir una alineación definitiva, que rota mucho la plantilla y que la mejor generación de futbolistas mexicanos de la historia está siendo desaprovechada por el técnico. 

Irónico, ¿no?

La prioridad mental en la agenda del mexicano deberían de ser los sucesos de su país, pero aquellos en los que su seguridad y estabilidad económico-social están involucrados. Contrario a ello, de lo que se habla es de lo bien -o mal, en este caso- que se desempeña un conjunto deportivo.

Una vez lo comenté en mi blog, en el mundial de Brasil 2014, sobre cómo la sociedad puede ser víctima de aquél circo iniciado por los romanos: darle diversión o sufrimiento deportivo al pueblo para que no piense en los problemas reales

¿Por qué? 

Nos podemos poner muy metodológicos o tratar de indagar sociológicamente pero la respuesta es más sencilla de lo que parece.

Lo inmediato, sumado a esa sensación de que un conjunto de personas representan a toda una nación, crea una ilusión de unidad asincrónica que logra, mediante dicho sentimiento en común, olvidar problemas concretos para concentrarse en anhelar un triunfo tontamente sentido como propio (de la nación). 

Unidos somos más fuertes suele ser una frase muy común cuando queremos trabajar en equipo en pro de un bien mayor. Desafortunadamente con el fútbol, cuando juega la Selección, esa unidad hace que la mayoría olvide lo que realmente importa por esperar a que lleguen unos segundos en los que un país anhela gritar, al unisón, gol

 


Imagen | Sopitas

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